El odio
| Yolanda Jaimes
(Ultimas Noticias 25Sept07) |
E l poeta venezolano Jesús Enrique Barrios en sus variadas evocaciones líricas ha expresado ideas como las que ahora señalamos: “Hoy mezclo el odio y el amor para odiar los días que se fueron y amar los que vendrán”.
Sin duda alguna, el espíritu humano se hace más pequeño, casi un pigmeo, cuando en su corazón anida el odio porque allí desaparecen la comprensión y la ternura. Hemos vivido expresiones de odio provenientes de hombres y mujeres de diferentes clases sociales y profesiones, que nunca más quisiéramos saber repetidas en calles, plazas, ni en hogar alguno de nuestro país porque destruyen, aniquilan y perturban la hermosa realidad de vivir con alegría, de tener por norte la esperanza de luchar por unmundomásjustoparaquienes habitan el planeta tierra.
El odio arrasa todo cuanto está a su lado como ocurre con un vendaval o un ciclón. Destruye todos los valores que encuentra a su paso: la solidaridad, el afecto familiar, la lealtad, la paz; en fin, hace añicos aquellas bellas expresiones y aquellos actos que tienen asidero en el sentimiento humano más hermoso: el amor.
El odio mella el alma de poetas, de músicos y de filósofos. El odio atropella la cultura y la somete a la humillación terrible del silencio.
El odio enluta el corazón humano y es capaz de desconocer méritos y virtudes de otros.
El odio destruye a quien odia y a lo odiado, aplasta familias, desajusta por igual la vida en barrios y en urbanizaciones de ciudades, de pueblos, y traspasa como un bisturí la carne dolida de su gente. El odio enmudece el canto de los pájaros y el correr bullicioso del agua de los ríos.
Expulsemos todo sentimiento de odio porque desde esta perspectiva, se apaga el fuego creador de la esperanza y la paz que requieren vastos rincones del planeta. En su lugar coloquemos el amor para amar los días que vendrán en nuestras vidas, para fundamentar las luchas y explicar las penas, para estrechar la solidaridad con los pueblos que carecen de las más elementales condiciones de salud, de higiene, de alimentación, de vivienda, de abrigo para niñas y niños que por cientos mueren víctimas del frío y del abandono. Para desterrar el odio, hagamos nuestras las palabras que suenan como un himno planetario: “Amaos los unos a los otros”.
Abogada. Prof. UCV

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