CASO: MUERTE EN GUARIMBA DE CARABOBO
Una viuda embarazada llora el asesinato de José
Texto: Israel Pacheco / Enviados especiales, Carabobo
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“Mi hijo no conocerá a su padre”. Con lágrimas en el rostro y tocando su barriga, Adelis Torres, de 18 años, lloraba ayer la trágica muerte de su esposo, José Oliveros, quien fue asesinado de tres disparos, el pasado lunes, en medio de una guarimba escenificada en Guacara (Carabobo). José trabajaba desde hace un año en Petrocasa. Pensaba estudiar ingeniería. Su hijo nacerá el mes próximo.“Mi hijo no conocerá a su padre”. Consternada, Adelis Torres, de 18 años, lloraba ayer la trágica muerte de su esposo, José Aníbal Oliveros, quien fue asesinado de tres disparos el pasado lunes en medio de una guarimba escenificada en Guacara (Carabobo).
José Aníbal, era carabobeño, y tenía 19 años. La muerte le llegó justo cuando se aprestaba a cumplir otro de sus mayores deseos, estudiar ingeniería.
De tez morena, cabello negro crespo de corte bajo, con contextura delgada, su cuerpo yacía ayer en el interior de una urna color caoba que, rodeada por sus familiares, fue trasladada seguida por miles de personas hasta el cementerio municipal de su tierra natal, Guacara.
Trabajador y deportista
José trabajaba para Petrocasa, y su responsabilidad para cumplir con su deber lo llevó a la muerte, cuando intentó pasar en medio de una manifestación contra la reforma constitucional para llegar hasta la filial de Pequiven.
Vivía en Ciudad Alianza, una urbanización de clase media donde residen alrededor de 100 familias, al frente una zona populosa llamada La Coromoto, de 50 familias. Cada una con visiones políticas antagónicas y que el pasado lunes se enfrentaron.
Víctor Marcano, vecino del sector recrea los hechos: “Había un grupo de manifestantes que trancó las calles e impedía el paso de los camiones que era nuestra fuente de trabajo, de repente comenzaron los enfrentamientos y cayó abatido José. Tres impactos de bala bastaron para su muerte.
En medio del dolor del sepelio, su esposa, Adelis Torres, atinaba a decir: “Lo mataron vilmente”.
Magallanero
“Era un muchacho sano, magallanero, de buena familia, que adoraba a su esposa y estaba muy contento de esperar su primer hijo” comentó con un nudo en la garganta Julián Perdomo, un amigo de la infancia.
“Le gustaba jugar el baloncesto y era un muchacho amoroso con su madre y hermanos. Tenía pensado poner en su casa un gran nacimiento, porque le gustaba mucho la Navidad”, decía Maruja Benavides, prima de la víctima.
Al camposanto
Pasadas las cuatro de la tarde, con el calor incesante y el sudor en los rostros, ocho personas llevaban en hombros la urna y caminaban por las estrechas calles para dirigirse al cementerio municipal de Guacara para el entierro.
Ocho cuadras era la ruta hasta el camposanto, cornetas de los carros y los rostros de los vecinos asomados en las ventanas constituyeron el paisaje que acompañó a José hasta su última morada.
Durante el trayecto, se incorporó el vicepresidente de la República, Jorge Rodríguez, quien aseguraba que los responsables de la tragedia iban a ser juzgados los responsables del hecho.
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Cuanto falta, nos hace recordar las palabras de JESUS;
ama a tu projimo como a ti mismo,
Jose Oliveros, ha caido victima de la violencia y el odio que alberga el corazon humano, cuando se materializa y
pone sus intereses economicos, laborales, por encima
del valor de la vida humana,
debieran pronunciarse las Iglesias cristianas, y exhortar
a la luz de las escrituras a los dirigentes de estos grupos
y a los que han integrado estas marchas,
para que no se vuelvan a repetir estos dolorosos homicidios
en contra de personas inocentes
que DIOS, consuele a la familia de Josè y
juzge a aquellos que sin motivo le hicieron daño
saludos
Abraham