7 Mayo, 2008...10:26 am
De Corazón Adentro
07/05/08

Acudí a un encuentro, una pequeña tertulia entre amigos aprovechando la celebración del día del trabajador. Como de costumbre todo nuestro encuentro estuvo marcado por la actualidad de lo que acontece en la política y en la cultura. Es inevitable, aun siendo gente de a pie, desprenderse de la política en un momento tan crucial y relevante para la cultura popular. Nuestro entrañable amigo José Tomás, contagiado por su sueño disertaba sobre el papel que tenía que cumplir el gremio de los artistas en la misión corazón adentro, nos decía, los artistas no deben sentirse excluidos ni ajenos en este momento tan importante, es la hora de agarrar el morral y lanzarse a edificar su saber en los barrios. ¿Es muy difícil? Alguien debería tener la iniciativa de incluir a los artistas que hacen vida en Anzoátegui. El gremio de las artes debería aportar su gran potencial como conocedores natos, como los comunicadores necesarios que son, auténticos impulsores por experiencia adquirida un día sí y otro también, con su público. Estos deben ser los verdaderos activadores regionales. Este es un momento propicio para demostrar la verdadera vocación y compromiso con la cultura, con las artes, además de proporcionar una oportunidad de empleo digno a un gremio que se encuentra abandonado en cuanto a sus reivindicaciones profesionales. José Tomás intentaba con sus gestos hacernos partícipes de su pasión y nosotros como meros espectadores acudíamos con atención a esa reflexión o grito interior. Está bien que se implemente un plan de difusión en las plazas públicas, en las canchas de los barrios, en escenarios improvisados etc… decía Tomás, pero hay que profundizar para reimpulsar. Se hace primordial impulsar movimientos y proyectos artísticos que surjan y se promuevan desde el barrio. Un pueblo sin cultura, sin identidad, está destinado al caos, a la marginalidad social que trae consigo la delincuencia y la desesperanza, allí estamos, en ese túnel. José Tomás bebía un sorbo de la cervecita de rigor y seguía con su emotivo discurso. El poder moral de un pueblo radica en su sentido de identidad. Por esto es muy importante tener siempre presente que la verdadera revolución cultural pasa por romper los esquemas establecidos desde hace medio siglo. La cultura debe ser un bien público y una necesidad vital de aquellos que la ejercen. Los artistas debemos asumir y ubicarnos en el lugar que por derecho nos corresponde. Hay que ir y escuchar al pueblo, hay que mezclarse con la multitud de los barrios y aplicar el oído de artista a sus latidos. Tenemos que extraer la fuerza creativa del pueblo. Esta nueva oportunidad debe ser el camino a la revolución cultural, profundizar en la revolución participativa y protagónica. Cuanto talento se encuentra oculto en las esquinas del Viñedo en Barcelona, en las veredas de Inavi en El Tigre, la barriada Sucre del Tigrito, sector el Pensil de Pto. La Cruz, en el 23 de Enero de Cantaura, en las calles de todos los pueblos de la región, en las comunidades rurales y sobre todo en los Cyber. Hay que revolucionar, producir los cambios, es ésta la batalla y el gran reto. El barrio como un gran laboratorio de producción cultural y hervidero artístico, la comunidad que se expresa desde su misma óptica y con sus propios recursos humanos. Esta es una misión humanista que requiere de la buena voluntad de todos.
En esa madrugada prodigiosa José Tomás nos contaba que había tenido un sueño, un sueño que podía tocarse con las manos. Contaba que veía en los barrios a todos los artistas de la región, ejerciendo como verdaderos comunicadores ambulantes, trashumantes y predicadores de las bellas artes. En su sueño estábamos todos unidos, sacando lo mejor de cada uno, proponiendo fórmulas, preparando una estrategia inteligente y coordinada entre técnicos, artistas, consejos comunales, grupos culturales y todos los que hacen vida en la región. Todos Participando y aportando toda la experiencia adquirida a jóvenes, adolescentes, niñas y niños de las barriadas, ofreciendo a la comunidad toda la ayuda sin cansancio hasta producir el milagro y ver los barrios convertidos en polos de formación y creación popular. Dice José Tomás que en su sueño, también desde la institución se abrió una mesa de diálogo participativo, donde se emprendió una batalla por las ideas para fomentar el ingenio y la vocación por las artes. En su sueño no había grandes carpas de circo, no, el barrio era el escenario, los malabaristas, trapecistas, tragafuegos, prestidigitadores, no eran los del circo clásico, al estilo del circo de Moscú o China, de Cuba, no, éste era un circo de vanguardia, callejero, más urbano y contemporáneo. Sus protagonistas provenían de la calle, de los pasos de peatones, alguien los había sacado de los semáforos de las grandes ciudades y ahora estaban en los solares y esquinas de los barrios, enseñando, aprendiendo y multiplicándose como hormigas. Los trabajadores de la escena salían de sus centros de creación, de sus nichos y lanzaban una cruzada sin precedentes por las barriadas y sectores populares creando redes de difusión y pequeños núcleos artísticos que nacían de pequeños proyectos endógenos con la colaboración de los promotores culturales, pero no sólo eran los promotores de la escuela, también participaban coordinadores de las casas de cultura y los cultores independientes. Una cruzada para activar propuestas alternativas de contenido social que promuevan la suma de valores y la incorporación de nuevos talentos y nuevos públicos al desarrollo cultural de la comunidad. Entre tanto los consejos comunales comenzaban a producir sus propios recursos humanos, sus centros de autogestión cultual con la participación protagónica de nuevos jóvenes pioneros del barrio, inventando, reinventándose con el pueblo. Las comunidades se organizaban en redes para canalizar el creciente movimiento de la cultura popular y comunitaria con intercambios entre los barrios. Preparaban para un futuro no muy lejano, el primer encuentro aficionado de las artes populares con la participación de noveles artistas de los barrios más emblemáticos del estado. Este era el colofón de su disertación onírica. Seguro que todo esto es un presagio, decía José Tomás mientras lloraba de emoción y se preguntaba ¿Coño pana, será muy difícil? ¿Los políticos serán capaces de brindarnos este sueño? Curiosamente vi a William Izarra , el ex viceministro y actual coordinador de la fundación CFI (Centro de Formación Ideológica) del movimiento revolucionario. Él estaba en mi sueño. Tomás suspiró iluminado y se volvió a preguntar ¿será un presagio? Dios quiera. Y nosotros contagiados con esa energía positiva que nos trasmitía nuestro compatriota, nos paramos conmovidos ante esa hermosa revelación. Nos fuimos a casa con el corazón grande pero en un puño y con la intención de soñar, como nuestro entrañable compañero José Tomás, levantarnos con su misma fuerza, con la convicción de que ese sueño pueda ser una realidad algún día.
Lo dejamos aquí para no aturdirlos porque como decía Calderón, toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.
Un abrazo.
kalisnikoss@hotmail.com

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