
- Jul, 08
Argentina Insólita
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El gobierno se ha partido, la sociedad argentina está dividida. Es la percepción de mucha gente pero no necesariamente una realidad.
La ley sobre retenciones (un impuesto a las exportaciones) propuesta por el gobierno y resistida durante cuatro meses por los empresarios agrícolas, fue rechazada en el Senado. Hubo empate en la votación (36 a 36) y se recurrió, como establece la Constitución, al presidente de esa cámara, el Vicepresidente de la Nación. Este, inclinó la balanza en favor de la oposición. Dicho de otro modo, el Vicepresidente que representa al Poder Ejecutivo en el Senado votó en contra del gobierno que él mismo integra, produciendo así, un hecho insólito y una herida a la estabilidad institucional. A sólo siete meses de la decisión popular que consagró al gobierno actual en elecciones libres, la presidente propone algo y el vicepresidente decide lo contrario.
Hemos dicho y escrito que el conflicto comenzó siendo económico (ver 17 de junio) y se convirtió en político pero el tema de la renta que perciben los empresarios del agro estuvo presente como motivación en todo el accionar del sector contra el gobierno.
La oposición de lo que llaman “el campo” -eufemismo que cubre la realidad de una patronal agropecuaria que defiende su bolsillo- a la decisión del gobierno de aumentar las retenciones y limitar el cultivo de la soja, fue una discusión por mucho dinero.
Lo que se discutía era, simplemente, a dónde iba ese dinero: si al gobierno para hacer una distribución más justa de la riqueza, o si a los bolsillos de los empresarios rurales.
En ningún memento se pensó, ni habló, de los peones rurales, los que realmente trabajan la tierra por un salario miserable, sin seguridad social que les garantice una jubilación en el futuro ni asistencia médica en el presente.
El sector “propietario” de la tierra -propiedad discutible si la hay, porque viene de derechos otorgados por el poder sobre un bien que es común- es un sector que, según fue saliendo a la luz en este conflicto, explota a sus trabajadores, evade impuestos y especula con los precios de los alimentos. Es decir: si lo ponemos en el centro de un diagrama vertical de relaciones sociales, no respeta a quienes están abajo (trabajadores), a quien está arriba (el gobierno) ni a sus pares (el resto de la sociedad).
Estas grandes sumas se repiten dos veces al año con cada cosecha. Si se proyecta en el tiempo, por ejemplo, en los años que faltan para que la Presidente termine su mandato, la cifra es imposible de dimensionar por la mayoría de los trabajadores, que disponen de poco más de mil pesos por mes.
Por eso, por el dinero, estas personas han intentado, y logrado, desestabilizar al gobierno legal y democrático. No repararon en cortar las rutas e impedir el paso a ambulancias con enfermos; en derramar leche y tirar alimentos; en provocar desabastecimiento en las ciudades y el consiguiente aumento de precios en artículos de consumo diario desconociendo los derechos de los demás. También aseguraron que iban a desconocer la resolución del Congreso si no les resultaba favorable a sus intereses.
O sea, no respetaron la legalidad y tampoco les interesaba respetarla en el futuro si ese futuro no era el suceso de opulencia personal que imaginan. Como ganaron, pueden ahora recibir de sus asesores y darnos un discurso educado y hasta cortés.
II
Los empresarios del campo saben, sin embargo, que el gobierno está intacto y el año próximo puede volver por sus fueros con una nueva ley de retenciones. Para impedirlo, cabe la posibilidad de que intenten golpear ahora con más fuerza.
En términos políticos reiteramos lo escrito en este blog y dicho ante los medios de comunicación a los que tenemos acceso: “el rumbo económico seguirá siendo positivo (…) y “si Cristina Fernández lleva a buen puerto esta gestión presidencial es difícil que Néstor Kirchner no sea elegido en cuatro años, llevando a 12 el mandato de los forjadores de este modelo. La percepción de esa posibilidad tiene una influencia directa en las acciones desestabilizadoras que se estuvieron implementando. (…) Cristina Fernández es el eslabón a cortar para evitar la “catástrofe” imaginada por los sectores que se benefician y propician el capitalismo “salvaje”.
Los humanistas hemos dado un apoyo puntual al gobierno en este tema de las retenciones y estamos dispuestos a seguir apoyando toda vez que lo intenten desestabilizar los sectores que desconocen la voluntad popular expresada en las urnas.
El país político fue dividido por los empresarios agrarios y los medios de comunicación que enfrentaron al gobierno en la suprema defensa de su bolsillo. Pero ese país no es el todo: hay mucha gente que se mantuvo al margen y sólo quería que este enfrentamiento terminara. Deben saber que sólo concluyó un capítulo.
Los ciudadanos que se desentendieron o estaban distraídos de este grave tema, ya no deberían seguir mirando para otro lado. Lo que exige este momento es reflexionar y actuar por sobre la división de los sectores para dar una señal nítida de que la mayoría silenciosa quiere estabilidad democrática y no va a avalar maniobras golpistas. Hay que tomar partido por la Argentina.
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