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Coincide, porque en la historia no hay casualidades, la memoria nacional con esta Semana Santa, su liturgia y su día a día, concatenan con la lucha librada por Jesús otrora junto hoy a la nuestra.
Fueron los hombres en las calles de Jerusalén, en aquellos días, quienes daban la pelea contra la dominación del sanedrín y los romanos. Fueron los que seguían las palabras de aquel hombre, Jesús, que nacido en la humildad del pueblo, traía palabras de esperanzas, quienes tomaron las calles para ver al imperio implacable, someter en la cruz sus ideales y luchas. Fueron sus hombres quienes llenaron de gritos el Calvario donde, con clavos de hierro era su esperanza martillada en un madero.
Esta historia es bastante similar a 2.009 años de distancia.
Esta Semana Santa el pueblo venezolano ha hecho su procesión, estuvo en Llaguno, donde hace siete años, los lacayos de turno pretendieron crucificar de nuevo a un pueblo. Venezuela ha honrado la memoria, con la justicia ya dictada, de aquellos compatriotas cuyas vidas quedaron sesgadas en el puente, sorprendidos e indignados, quedaron sus rostros apagados, sin miradas, ante la vileza de las balas asesinas, disparadas por cobardes mercenarios desde hoteles, escondidos detrás de las persianas, todos contratados por malditos generales de la canalla.
Hoy, día de Resurrección, el pueblo rememora un día tan gris, tan triste, donde todos, con la rabia alterándonos el pulso, invadidos de un pesar que asfixiaba,
y con una rabia gigante de sólo encontramos al ratón Mickey en la pantalla, al implorar sucesos o noticias, que nos hacia abrir las ventanas a buscar, con olfato felino, cualquier olor a insurgencia, a rebelión que nos lanzara a la carga y ante un zarpazo infernal, un empujón brutal que nos había quitado todo: la respiración, la esperanza, la revolución y a Hugo Rafael Chávez Frías, quien nos comandaba.
Que nos dejó atónitos a muchos mientras mirábamos a Carmona como escupía y pateaba, entre aplausos de traidores, el retrato de Bolívar, la constitución y las conquistas patrias y que miraba la humanidad entera en todas sus pantallas.
El silencio enorme de un pueblo estupefacto rondaba la noche de ese día, subía y bajaba las escaleras del barrio, soplaba con el viento que pegaba duro en las caras de los campesinos, en el cielo, en las aguas y en la tierra de toda Venezuela herida, sin quejidos, en el suelo caída y que levantaba sus ojos a Dios a preguntar lo que pasaba.
Sin más armas que la ira entre los puños, sin más armas que el grito reventando las gargantas, sin más armas que el amor incansable hacia los sueños, sin más armas que las miradas de los niños, sin más armas que la Patria, Venezuela toda reaccionaba.
Luego de un papel aparecido, donde de su puño y letra sus palabras nos dijeron que un revolucionario no se rinde y no renuncia, y empezó a volar de boca en boca, haciendo del rumor una metralla, empezó mi pueblo a levantarse, empezó a madrugar la madrugada.
Chávez triunfó sobre la muerte.
El pueblo tomó de nuevo aliento, aquella hermosa bandera tricolor que ondeaba un soldado hermoso entre sus manos en los techos de Miraflores y los ojos en llanto del pueblo que de a poco, fue haciendo multitud frente a sus rejas, descargando su rabia al apretarla con sus puños, clamando, clamando y clamando, para convertirse pronto en la fuerza más inmensa y poderosa que haya mostrado el pueblo en este siglo y que intimidara feroz a la jauría de traidores, de ipsofacto derrotada.
Y los creyentes del nuevo mundo, el necesario, el mismísimo mundo que proclamó otrora Jesús de Nazaret y que aun no nace, recordamos día a día aquella semana de Abril en que se fraguó la traición a la Patria. Los creyentes del hombre nuevo indispensable, recordamos como nos volvió la vida, aquella noche con olor a pueblo, y nuestros corazones comenzaron a llenar de sangre nuestras venas y como el gigante soberano entonces se imponía al oír el motor entrecortado de aquel helicóptero en el cielo y ver bajar desde el Calvario, a nuestro Comandante, Hugo Chávez frías, de nuevo entre nosotros, resurrecto.
Raúl Bracho.
Fundación HombreNuevo.

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