Nacion Humana, miércoles 01 de julio de 2009

Nestor Kirchner y Cristina Fernandez
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Pasaron las elecciones en la Argentina. Son muchos los análisis y comentarios políticos por estas horas. El dirigente humanista y periodista Luis Ammann escribe en su blog y sugiere que el mayor error del oficialismo estuvo en el modo de comunicar, sin evitar la catarsis contra sus adversarios. Nación Humana transcribe este artículo imperdible.
La política exterior de la Argentina, marcadamente latinoamericana pero con diversificación de mercados, es correcta. ¿Alguien del público podría enumerar -no digamos diez, que los hay y más- cinco beneficios prácticos de esa dirección? Tal vez, pero de los que votaron en la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, Santa Fe o Mendoza, mejor no esperemos nada.
Lo mismo se puede seguir diciendo de todos los logros: ¿algún jubilado recuerda cuánto cobraba en 2002? ¿Alguien puede decirnos cuantos kilos de pan compraba con ese monto y cuántos compra hoy? Decimos pan por decir algo. Nunca los jubilados estuvieron tan bien pero ni ellos lo saben. Los que no tenían aportes suficientes, como resultado de haber trabajado “en negro” con casi todos los gobiernos (militares más Alfonsín más Menem más De La Rúa) en los últimos 30 a 35 años, no se podrían haber jubilado. ¿Saben que su inclusión con una moratoria especial es parte del “modelo” que impulsa este gobierno y que les conviene que siga?
Muchos de los que están trabajando en plena crisis ¿son conscientes del esfuerzo del gobierno para que conserven su empleo? ¿O creen que es por decreto de la virgen de Luján? El gobierno no lo ha explicado bien. Como no lo ha hecho con las ventajas de la resolución 125 -la madre de todos los males- para los pequeños y medianos productores; de las “retenciones” para la redistribución de la riqueza; del dólar alto; de la nacionalización de las AFJP; de las 700 escuelas, que aparecieron a última hora y fueron puestas en duda; de la nacionalización de Aerolíneas Argentinas; de los planes sociales; del aumento del presupuesto educativo; los planes de viviendas; la instalación de nuevas fábricas; la recuperación de otras; y un largo etcétera.
Si no se supo comunicar lo anterior, qué vamos a decir de las ventajas de depurar la Suprema Corte de Justicia, o la independencia de las políticas del FMI, o la política de derechos Humanos, o la recuperación del incentivo a la investigación científica, o la inoportuna Ley de radiodifusión que exacerbó el odio de los multi medios monopólicos contra los candidatos del gobierno.
De la traición de los que se dicen propios y son ajenos no vale la pena hablar. Esa felonía no tiene perdón pero hay resguardos para evitarla, como no aceptar a los Felipe Solá entre lo propios porque serán ajenos. De paso, digamos que los traidores no tienen destino porque sus nuevos socios los desprecian por su condición; pero causan molestias.
En pocas palabras: queda poco más de dos años para comunicar lo que se hace como parte de un modelo que tiene enemigos poderosos. Va en serio la sugerencia de estudiar los modos de comunicación de Salvador Allende -u otros- y volver a tomar contacto con las bases para devolver el protagonismo al pueblo y debatir con todos cómo se perfecciona la gestión y la comunicación.
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