
Por: Jacinto Dávila
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Estoy suponiendo que haber sido infectado por el dengue en dos ocasiones, en menos de 4 años, me da cierta solvencia para hablar de la enfermedad, aún sin ser médico. Esto lo digo por si la burocracia médica trata de descalificarme. Pero mis “credenciales” son aún mejores. En mi casa hemos sido dos los afectados, casi simultáneamente. El otro es mi niño de 7 años. En nuestra cuadra, tenemos dos casas con dengue. La otra es la de una vecinita de 8 años. Y estamos a menos de 3km, la distancia que puede recorrer la hembra del mosquito Aedes cuando no consigue donde poner sus huevos, del lugar de fallecimiento de un joven y fornido vigilante, otro afectado que “pudo haberse salvado, si hubiera venido a la ‘consulta’”, como declara la directora de epidemiología del ambulatorio local, instalado al lado de un centro de atención médica avanzada, CAT, de Barrio Adentro.
No puedo quejarme de la tecnología disponible entre nosotros para contraatacar al dengue. Tanto los medios públicos, como los privados, saben lo que tienen que hacer y tienen como hacerlo, aunque no suelten prenda. La secrecía, que no es la confidencialidad, parece ser costumbre médica.
Yo acudí el lunes temprano a la emergencia del ambulatorio para un chequeo luego de pasar un fin de semana con fiebre y malestar general. Nunca pensé que fuese dengue. Los síntomas fueron leves esta vez y supongo que supuse que la probabilidad de repetir era demasiado pequeña. Me equivoqué. El conteo de plaquetas salió ese día en 117 mil por mililitro, 30 mil menos del límite mínimo en los adultos. Entiendo que mi cuadro alcanzó para alterarle la expresión a la doctora en la emergencia. “tenemos que hacer despitaje de dengue”. En menos de una hora tenía en mis manos la hematología completa y una radiografía de torax para trata de precisar el origen de la tos que comenzó en la emergencia. Nunca en mi vida había obtenido resultados de laboratorio tan rápidos en una institución pública. Me tomó una hora más para que la doctora verificara los resultados y me indicara un tratamiento ya de salida, porque fui a emergencia luego de pasar la etapa de la fiebre que suele ser la más difícil. Básicamente ácido fólico, vitamina C y paracetamol (también llamado acetaminofen) para calmar los síntomas que a esa altura incluía dolores en las articulaciones (la razón por la que algunos llaman al dengue: la fiebre rompehuesos). Me indicó volver al siguiente día para otro examen de sangre, pero entonces pensé: la suerte hizo que esta vez no fuese tan grave.
Pensé muy pronto. Esa noche comenzó la fiebre de mi niño y me hizo recordar al dengue aquel. La temperatura sube y sube y es muy difícil hacerla bajar. El paracetamol, en una de esas presentaciones infantiles (tachipirin), apenas si funciona. Ese medicamento da 160mg de paracetamol por 5ml de la mezcla. Esto significa, con una toma de 8 ml * 160 mg/5 ml = 256 mg, 0.256g, por toma ; y de 10 ml = 320 mg, 0,320g, por toma . Estos números son claves porque, dice en Internet, “El paracetamol tiene un índice terapéutico muy ajustado. Esto significa que la dosis normal es cercana a la sobredosis, haciendo de él un compuesto peligroso. Una dosis única de paracetamol de 10 gramos o dosis continuadas de 5 g/día en un no consumidor de alcohol con buena salud, o 4 g/día en un consumidor habitual de alcohol, pueden causar daños importantes en el hígado. Sin un tratamiento adecuado en el momento oportuno, la sobredosis o la dosis casi normal de paracetamol puede dar como resultado un fallo hepático seguido de la muerte inevitable.” [1]. Así que con tomas cada 6 horas, son 4 tomas por día para 4*0.256g = 1.024g por día ó 4*0.320g = 1.28g por día. Con tomas cada 4 horas son 6 tomas por día para: 6*0.256g = 1.536g por día ó 6*0.320g = 1,92g por día
Es decir, en el peor escenario, 10ml, 6 veces al día tenemos, casi, 2g por día, todavía corto de los 4g por día tolerados por el hígado comprometido del alcohólico. Claro que los niños toleran menos todavía. Quizás lo mejor es mantener las dosis de 8cc, 4 veces máximo, si podemos. Parece un asunto de espaciarlas tanto como sea posible. En las noches es más difícil.
Me pregunto cuantos pacientes tienen un doctor o Internet a la mano, por suficiente tiempo, para discutir estas cosas. El joven vigilante, obviamente, no los tuvo. Y es que me parece que, a pesar de contar con los medios mínimos para enfrentar los brotes de dengue, nuestro comportamiento colectivo y la organización de los medios de salud son insuficientes. Todo el sistema responde ante “consultas” y las respuestas son minimales. Esto es malo en los privados, que dejan ver el afán económico antes que el de curar. Pero es terrible en los públicos de quienes depende la acción proactiva para neutralizar el virus. Un epidemiólogo trabajando para el sector público no debe admitir que alguien muera por no venir a consultar. Tiene que llegar hasta cada enfermo, a tiempo. Entiendo que los médicos se vean desbordados cuando ocurre el brote, pero 1) no deben permitir que ocurra el brote, y 2) no hace falta ser médico para ayudar, si se tiene la formación mínima necesaria.
El sistema social está allí para ayudar. Las patas de gallina escasean estos días en este sector. Todo el mundo las está usando para preparar el caldo milagroso. En mi caso las usé de inmediato, a pesar de odiar el sabor, y mis plaquetas subieron de 110 mil por mililitro a 142 mil entre el segundo y tercer día del seguimiento que me hicieron en el laboratorio del ambulatorio. Es decir, el caldo me puso a salvo en un día (las plaquetas oscilan normalmente entre 140mil y 440mil unidades por mililitro). Y este conocimiento lo obtuve de mi madre, no de Internet. El sistema popular también nos informó que para la picazón, nada mejor que meter pies y manos en agua con fécula de maíz (“maizina”).
Pero ese sistema social aún no sabe cómo controlar el vector del Dengue, el patas blancas, un animalito con una capacidad de supervivencia increíble. Le toma unos pocos días pasar de huevo a zancudo, pero puede hacerlo en cualquier pocito de agua en el que caiga el huevo (o que le caiga al huevo). Adora el agua limpia, así que deshacernos de la sucia no es suficiente. El zancudo vive una dos semanas (hasta un mes) y en ese tiempo puede picar a varias personas en un radio de unos cientos de metros (a menos, claro que sea una hembra buscando donde colocar sus huevos, en cuyo caso, como dije, puede volar por kilómetros). Y, la capacidad clave, los huevos del Aedes pueden permanecer enquistados, esperando por el agua que requiere la larva, hasta por 6 meses [2]. Con eso es suficiente para propagar el virus y vacilarse a los epidemiologos.
Así que el sistema de distribución del virus es más inteligente que nuestro sistema de contrataque. Malariología envía, cuando los vecinos lo piden o cuando les de la gana, una camioneta que nos rocía indiscriminadamente con esa niebla blanca que, supuestamente, mata a los zancudos. Además de los riesgos para la salud de las personas sensibles o alérgicas, que ellos nunca toman en cuenta, lo zancudos siguen volando cuando se disipa la niebla. Si Malariología entendiera que tiene que involucrar al poder popular en el proceso, esas rociadas de niebla venenosa se podrían programar y combinar con otras acciones comunales, como la recolección de potes y posibles criaderos, y serían mucho más efectivas. Pero el burócrata no entiende, no cree, en poder popular.
Va un último pensamiento hacia el joven vigilante. Imagino sus condiciones. Quizás trabajaba en ese régimen odioso por turnos de 24 horas que, a pesar de ilegal, aún mantienen varias compañías de seguridad. Al volver a casa tenía algo de calentura, pero tenía que dormir algo para recuperarse para el siguiente turno. Además, ese día libre tiene que alcanzar para hacer todo lo demás. Simplemente no tuvo tiempo para pensar siquiera que su fiebre fuese parte de un proceso mortal. Normalmente, sólo los niños van a emergencia por fiebre. Un par de cervezas pudieron haber aliviado la picazón característica de las fases avanzadas, en lugar de las pastillas de Desloratadina que pudieron haberle obsequiado los visitadores médicos de la emergencia (sí, las emergencias tienen visitadores médicos, vendedores de medicamentos. No hacen cola para entrar y parece que les va bien, aún en las instituciones públicas donde nadie paga). Imagino a este joven colapsando, sin haberle dicho a nadie que le dolía mucho la cabeza, que tenía pesadillas horribles y que le dolía todo el cuerpo. No pudo haberse salvado. Pudimos haberlo salvado. ¡Que nadie más muera por el Dengue!
Referencias
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Paracetamol
[2] http://www.cdc.gov/dengue/entomologyEcology/m_lifecycle.html
Creo conveniente hacer la acotación de que el acetaminofen (o paracetamol, que es el otro nombre con el que se le conoce), es un medicamento seguro siempre y cuando se use a dosis terapéuticas. Esto es de particular importancia en niños, en quienes las dosis deben ser calculadas en base a su peso. El medicamento al que haces mención en la concentración de 160mg/5ml es el Tachipirin Forte. Poniendo un ejemplo, si tenemos un niño de 20kg, a quién se le indica una dosis de 15mg/kg de peso (dosis superior por vía oral, con un rango que va de 10 a 15mg), le corresponderían 300mg. Si uso Tachipirin Forte, con la concentración mencionada, serían 9 cc (300 * 5 / 160), que puedo indicarlos incluso cada 4 horas, como intervalo máximo, o preferiblemente cada 6 horas. Si estos mismos 9 cc se le administran a un niño de 10kg, estaría recibiendo el doble de lo que le corresponde, siendo propenso a intoxicación. De igual modo, si el acetaminofen que se va a administrar viene en una presentación comercial con una concentración distinta, 9 cc aportarían una dosis totalmente distinta, pudiendo ser esta supra o sub-terapéutica. Es por esto de gran importancia tener en cuenta estos principios a la hora de medicar a un niño, y sobre todo, no hacerlo sin la debida supervisión médica.
Atte.,
Gabriel Bohórquez
Estudiante de Medicina – Universidad de Los Andes