De: Refundacion, Revista Latinoamericana
Escrito por Ismael Hernández Lujano
Ismael Hernández Lujanoi
I
En uno de los muros del Liceo de Caracas, que en parte da a la Avenida México, hay un mural donde se pasa revista, desde la perspectiva de los de abajo, a la historia de Venezuela, abarca de la época precolombina hasta El caracazo de 1989; todo se encuentra en él: la esclavitud de las perlas, la Guerra Federal (1859-1863), la dictadura de Gómez… No podía dejar de aparecer el 23 de enero de 1958, cuando una extraña alianza de socialdemócratas, socialcristianos y comunistas derrocan al dictador Marcos Pérez Jiménez. Luego de la caída del déspota, dos partidos políticos (Acción Democrática –AD-, socialdemócratas, y el Comité de Participación Electoral Independiente –COPEI, socialcristiano) hicieron un pacto para compartir el poder y excluir a los comunistas.
Ese pacto, llamado “de Punto Fijo”, creó un bipartidismo (AD-COPEI) que sufrió Venezuela desde 1958 y cuya decadencia irremediable comenzó en 1989, con el ya referido Caracazo, y culminó en 1998 con la desaparición definitiva de dicho sistema. Durante esos cuarenta años, Venezuela vivió una completa paradoja: los ingresos del petróleo eran inmensos, casi incalculables, pero sólo unos pocos los disfrutaban, la mayoría de la población jamás vio el menor beneficio del “oro negro”. Durante todo el “puntofijismo” o “Cuarta república” en Venezuela, sobre todo en Caracas, reinaron los contrastes: por un lado lujosísimas urbanizaciones que nada tenían que envidiar a Beverly Hills y por el otro casuchas hacinadas y encaramadas en los cerros (llamadas “ranchos”) donde se carecía de lo más elemental; por un lado la oligarquía que solía ir de compras a Miami cada fin de semana y por el otro el pata en tierra o tierrúo, quien consideraba un lujo comer tres veces al día.
Sin duda el equipo que pintó el mural del que hablamos enfrentó el gran problema de representar cuarenta años de historia con sólo dos o tres íconos. ¿Qué personajes, íconos o imágenes podían condensar todo el periodo del puntofijismo (1958-1998). Todo este periodo se representa con cuatro figuras: 1) El retrato de Rómulo Betancourt, presidente de Venezuela (1959-1964) a quien acertadamente se le llama “el padre de la criatura” pues fue el artífice del multicitado pacto y de la dolorosa y contrastante realidad que de éste se derivó; 2) La oligarquía y la clase media venezolana, mismas que al amparo de la renta petrolera pudieron llevar una vida de despilfarro y consumismo, quienes son representadas con la imagen de una marioneta apoltronada en un sillón y frente al televisor; 3) Debajo del retrato de Betancourt, los miserables ranchos de Caracas. Como suele suceder, en todo ese periodo el pueblo no se resignó a su miseria, luchó arduamente por superarla y por hacer a un lado a la élite política que la había generado; todo ese batallar del venezolano humilde y su esperanza se encuentran representados por la cuarta figura, la del cantor Alí Primera. Lo pintan con su inseparable cuatro y su canto es un cuadro lleno de vida y color, muy diferente a los miserables caseríos pintados de color gris.
II
Alí Primera aparece junto a uno de los políticos más importantes del siglo XX, Rómulo Betancourt. ¿Cuánto significa Alí Primera para los venezolanos? ¿Por qué la lucha del pueblo venezolano es representada por un cantante-poeta y no por los líderes históricos de la izquierda como Alfredo Maneiro o incluso por los comandantes guerrilleros como Douglas Bravo y Fabricio Ojeda? La razón es sencilla, sucede que desde que los primeros tiempos de la humanidad, cuando los hombres se agrupaban cada noche alrededor del fuego, los poetas son los voceros del grupo, de la tribu, de la patria. Seguro le ha sucedido a muchos que, al leer un poema, se dan cuenta de que justo eso es lo que querían decir y les llega la sensación de que el poeta les ha arrebatado las palabras de la boca, casi como si hubiera podido ver dentro de nuestro pecho. En efecto, los poetas tienen una especial sensibilidad que los capacita para decir lo que todos deseamos decir y no podemos, ellos declaran el amor o la guerra con la seguridad y precisión con que todos quisiéramos hacerlo. Lo que en muchos de nosotros se queda en balbuceo o suspiro, los poetas lo saben convertir en palabra certera, poderosa y bella. El impacto de los poetas es mucho más profundo en el pueblo sencillo, que poco sabe de libros y de teorías; para la gente humilde un verso de una canción se graba con más firmeza que cualquier cita de un libro.
Al parecer cada país tiene su poeta popular, su cantor, aquel que mejor supo interpretar el alma nacional y con el que más se identifica el pueblo. En México es José Alfredo Jiménez, en Nicaragua Carlos Mejía Godoy. En Venezuela podemos encontrar varios, Simón Díaz (autor de la famosa canción Caballo de la sabana), Reynaldo Armas… pero sin duda debemos contar a Alí Primera entre ellos. Su particularidad es que fue un cantante eminentemente político, siempre comprometido con la lucha de su pueblo, como Víctor Jara en Chile o Silvio Rodríguez en Cuba.
III
El pueblo venezolano es bravo, como lo dice su himno, o montaraz, como lo dice el propio Alí; es un pueblo rebelde, insumiso y el cantor que nos ocupa es el portavoz popular de esa rebeldía, sus canciones están en boca de todos los que tratan de construir una Venezuela y una América Latina justas y libres. En sus canciones refleja el dolor y la miseria del pueblo explotado (de ello habla su canción más famosa Casas de cartón) pero también de su lucha y dignidad, (entre muchas piezas de este tono podríamos citar Abre brecha, la soga y Canción bolivariana). Sus letras penetran en el alma pues dicen lo que el hombre sencillo quisiera decir, expresan el grito de inconformidad que muchas veces no encuentra palabras para verbalizarse: “Usted me perdona Don,/yo no sé filosofar/pero lo que sé me sobra/y me basta para pensar/que me tienen joroba´o/ya de tanto trabajar” dicen unos de sus versos. Mi pueblo me hace cantar, se llama una de sus canciones y no pudo haber dicho de una manera más clara el motor primero de su creación artística.
Fue en sus años de estudiante en la Universidad Central de Venezuela que se involucró en política, sufrió cárcel y tortura. No tuvo miedo a ser tachado de panfletario y militó en el Partido Comunista y en el Movimiento al Socialismo, siempre puso su arte al servicio de los oprimidos. Sin embargo, no dejó de plasmar en algunas canciones (Canción en dolor mayor, La piel de mi niña huele a caramelo) sus vivencias, tragedias y alegrías estrictamente personales. Se ha instalado la idea, falsa por demás, de que la militancia política, especialmente la militancia comunista, no deja lugar para la vida personal, para las pequeñas cosas de la casa, del barrio, de la familia y la pareja. Ciertamente, en algunos países autonombrados socialistas en Europa del Este se exigió a los artistas que no se ocuparan de otro tema más que la doctrina petrificada del “marxismo-leninismo”. Pero sería un gran error pensar que esas deformaciones son sustanciales al socialismo o al marxismo. Sí precisamente de lo que se trata es de salvar al ser humano de la enajenación, de restituirle su dignidad haciéndose un ser total y no una simple bestia de carga, mal haríamos recortando su ser al exigirle que la lucha sea su único interés vital. Eso no es necesario, Alí nunca lo asumió así.
IV
La música de Alí Primera siempre ha estado presente en el pueblo venezolano pero ahora que se desarrolla la Revolución Bolivariana, está más viva que nunca. Ahora que, como nunca, hay una masa sedienta de cambios, empeñada en los cambios, las letras de Alí Primera ofrecen al alma y a la mente toda la claridad y el calor que necesitan; de un solo golpe, con un solo verso, ponen en orden sentimientos, le prestan voz a los ahogos del pecho y educan al que no sabe, en una frase ofrecen lecciones que algunos libros sólo pueden condensar en cientos de páginas.
La histórica búsqueda del pueblo venezolano de la libertad es, en palabras del presidente Hugo Chávez, “un proceso revolucionario que siempre ha tenido su canción, que siempre ha tenido sus voceros. No hay revolución sin voceros de la revolución, no hay revolución sin canciones y sin voces revolucionarias”.ii Chávez nos recuerda que el himno venezolano, Gloria al Bravo Pueblo, nació como una canción popular al calor de la guerra de independencia (su melodía fue tomada, curiosamente, de una canción de cuna);iii lo mismo el himno de la Federación, Oligarcas temblad, nació como una canción popular, como un canto de la tropa durante la Guerra Federal. En la misma línea, cualquiera que viaje hoy a Venezuela puede comprobar que desde que empezó la actual revolución los cantos de Alí Primera se han convertido, para todo efecto práctico, en el segundo himno nacional.
V
Pese a ser cantado día y noche por los venezolanos, Alí Primera es poco conocido fuera de su patria. De los cantantes latinoamericanos “de protesta” es uno de los menos difundidos. Su música llegó a escucharse en los ochenta en El Salvador a través de Radio Venceremos (tal como lo muestra la película mexicana Voces inocentes del director Luis Mandoki), participó en el concierto por la paz en Centroamérica, realizado en Nicaragua en 1983, viajó y se presentó en varios países de Europa del Este y en Rusia y, por supuesto, en Cuba. En México se conocen algunas de sus piezas (Casas de cartón y No basta rezar) no directamente sino por covers, que, en algunas ocasiones, son de mal gusto. Y sin embargo, Alí Primera sigue siendo poco escuchado fuera de su patria. Si alguien quisiera disfrutar algunas de sus canciones, varios sitios de internet se pueden escuchar y hasta descargar una buena parte de su producción. Sin duda, es una de las expresiones musicales más auténticas del continente, en su repertorio podemos encontrar prácticamente todos los ritmos y géneros del folklore venezolano. Vale la pena acercarse la obra de este gran hombre.
Bibliografía
Chávez, Hugo. “Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, con motivo del primero encuentro nacional de voceros y comunicadores populares (Parque central, Caracas, 29 de octubre de 2001)” en Hugo Chávez. Discursos. Tomo III. 2001, año de las leyes habilitantes. Caracas, Despacho del Presidente, 2005.
Chirinos, Sherline. “Cantores latinoamericanos de la década de los sesenta y setenta. La apertura de una tradición política cultural” en Estudios culturales. Publicación de la Unidad de Estudios Culturales de la Universidad de Carabobo. Venezuela. Número 1, Enero-Julio de 2008.
Milet, José. Alí Primera. Padre cantor del Pueblo venezolano. Caracas, Ministerio del Poder Popular del Despacho de la presidencia, 2008.
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i Maestrante en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.
ii “Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, con motivo del primero encuentro nacional de voceros y comunicadores populares (Parque central, Caracas, 29 de octubre de 2001)” en Hugo Chávez. Discursos. Tomo III. 2001, año de las leyes habilitantes. Caracas, Despacho del Presidente, 2005, p. 510.
iii Sherline Chirinos nos dice que si bien Gloria al Bravo Pueblo ya estaba en boga desde 1810, “No fue sino el presidente Antonio Guzmán Blanco en 1881, quien la instauro como himno nacional” (“Cantores latinoamericanos de la década de los sesenta y setenta. La apertura de una tradición política cultural” en Estudios culturales. Publicación de la Unidad de Estudios Culturales de la Universidad de Carabobo. Venezuela. Número 1, Enero-Julio de 2008. p. 144). Este artículo, por demás interesante, aborda otros casos significativos, sobre La Marsellesa dice que fue “Compuesta originalmente por el capital [sic.] Claude-Joseph Rouget de Lisle, a instancias del alto mando francés para animar a las tropas contra en la guerra contra Austria, en 1792. François Mereur, un médico que, posteriormente se convirtió en general de la República, no sin un ligero pero significativo cambio de letra, se la hizo aprender a los voluntarios de Marsella, quienes la cantaron alborozados al entrar victoriosos a París, en julio de 1792. El pueblo la aprendió de inmediato y la empezó a usar ampliamente. Tanto así, que el 14 de julio de 1975, al triunfo de la revolución, fue instaurada como himno nacional de la república francesa. La significación popular, patriótica y revolucionaria del canto no se le escapó ni al Imperio bonapartista, ni a las Restauraciones de 1830 y 1848, ni siquiera al ocupante nazi entre 1940 y 1945, regímenes todos que prohibieron la canción” (Ibidem.)

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