Brigadismo muralista: testimonio de supervivencia en dictadura

De: Memoria Popular.

 
Memoria de la Rebelión  
Brigadismo muralista: testimonio de supervivencia en dictadura
En el mes de la memoria y de la identidad, el legendario Alejandro “Mono” González, trazador de la BRP, rememora esos días.

Fue uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra. Nunca quiso salir de Chile, y desde adentro ayudó a organizar la resistencia artístico-política que día tras día amanecía plasmada en las paredes. En el mes de la memoria y de la identidad, el legendario trazador de la BRP rememora esos días y ofrece una panorámica de la gráfica chilena en el exilio.

Alejandro ‘Mono’ González no sale en la tele. Tampoco sale, generalmente, en los diarios. El ‘Mono’ sale en las paredes. Hubo un tiempo en que salía en las paredes todos los días. En muchas paredes. En las de la ciudad, con figuras de muchos colores y la constante promesa de pintar hasta el cielo en un momento en el que, para Chile, el cielo parecía una mala mentira. En las de los oscuros funcionarios también probablemente, sobre un letrerito que puede haber dicho ‘se busca’, o ‘elemento subversivo’.

El ‘Mono’ es uno de los fundadores de la mítica brigada muralista Ramona Parra, vinculada a las Juventudes Comunistas, la que se tomaba las panderetas en las noches, asaltándolas con brochas, pinturas y mensajes. Mensajes que para unos eran un malestar constante y, para otros, el alivio de saber que no todo era silencio y que en algún sitio de la ciudad alguien estaba también teniendo miedo y esperanza.

En el mes de la memoria y en pleno auge del graffiti hip hopero, Alejandro González desentierra las vivencias de la dictadura para quienes pintaban con brocha gruesa, y muestra parte del alma del movimiento brigadista, que tuvo su inspiración en el muralismo mexicano, su auge durante el Gobierno de la Unidad Popular y su lucha más dura después del ‘73. Acá, recuerdos de esos días y una mirada al brigadismo chileno en el exilio.

De la clandestinidad a las murallas

“Durante los primeros años de la dictadura, nos tuvimos que replegar. Pero nunca me fui de Chile, seguí en la clandestinidad. De a poco, con el tiempo, logramos volver a mostrar nuestra imaginería en el Sindicato Good Year, de la Comuna de Maipú. Esa instancia estaba organizada por la Asociación de Plásticos Jóvenes, Pedro Sepúlveda, de la Brigada Pedro Lobos y yo.

“Volver a estar en las calles fue un testimonio de supervivencia en plena represión. En medio de la cultura de la muerte emergía nuestra cultura por la vida y la esperanza. Era una prueba de que en el momento más duro de la dictadura seguíamos parados. Ese mensaje no sólo era para el poder; era también un estímulo para nuestra gente.

“En un comienzo trabajé para formar los primeros equipos de propaganda clandestina. Tomamos ejemplo de lo que sucedía con la lucha en Argelia y en otros lugares, pero también tuvimos mucho apoyo en el frente cultural, especialmente de los creadores jóvenes. Siempre unimos el trabajo cultural con lo político, porque un artista se nutre de la vida diaria: en este caso, era una cotidianeidad extrema.

“Ninguno de los que trabajamos en eso queríamos irnos de Chile, a pesar de que en muchos casos peligraban nuestras vidas. No era por querer ser valiente, héroe o mártir: como todos los que vivimos en el país, pasé miedo, hambre y dolores. En algunos momentos también sentimos la soledad por incomunicaciones y fragmentaciones dentro de la clandestinidad. Tuvimos infinidad de experiencias y anécdotas, pero siempre nos fortaleció la solidaridad desde afuera y de los que aquí estábamos.

Muralismo chileno en el exilio

“En los momentos de mayor represión en Chile, las brigadas muralistas se tuvieron que replegar. Sin embargo, se continuó desarrollando fuertemente en el exilio. En Francia estaba la Brigada Salvador Allende -en la que participaron Balmes, Gracia Barrios y muchos que ahí se radicaron-; en Italia surgió la Brigada Pablo Neruda, con el Mono Carrasco (que había sido trazador y Jefe de la BRP Central aquí) y muchos más. También en la RDA, con ex-brigadistas como César Olagaray, que pintaron murales dentro de colectivos e hicieron aportes incorporando la imaginería brigadista en la gráfica.

“El muralismo del exilio ayudó a reforzar la solidaridad internacional y contribuyó para que la denuncia sobre la dictadura –expresada en una estética y uno íconos gráficos- se expandiera por el mundo. Paralelamente, esta misma iconografía es usada por muchos ex brigadistas en cuadros, tarjetas y artesanías. Era una forma de sustento económico fuera de Chile, pero que representa el cordón umbilical de la imaginería nacional.

“Todos esos factores se sumaron para que el muralismo callejero y su gráfica se transformaran en un verdadero patrimonio de arte urbano y popular en todas partes.”

Visite el sitio de las BRP

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