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Situación actual de la democracia en L.A. y Chile – Efren Osorio

27 diciembre, 2006

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Situación actual de la democracia en L.A. y Chile

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Efren Osorio

Efren Osorio

Presidente

Partido Humanista

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Vamos a hablar de la democracia y comenzaré analizando algunas cifras entregadas por la “Corporación Latinobarómetro ” que se ha dedicado a medir distintos índices en toda Latinoamérica y es una fuente a la que se le ha dado altos niveles de confianza por moros y cristianos.

De acuerdo a la encuesta del año 2004, el 71% de los habitantes de A.L. cree que “la democracia tiene problemas , pero es el mejor sistema de gobierno”, mientras que el 72% dice que es el mejor sistema para que su país llegue a ser un país desarrollado. Chile está levemente superior a la media con un 75%

Estas cifras son alentadoras para quiénes luchamos contra la dictadura, pero es necesario hilar un poco más fino:

Frente a las alternativas: “La democracia es preferible a cualquier forma de gobierno”, o, “En algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático”, ó, “nos da lo mismo un régimen democrático o no democrático”. La adhesión a la democracia baja a un 53% y quiénes apoyan el autoritarismo un 15% y un 21% los indiferentes.

Es importante destacar el altísimo nivel demostrado por Venezuela con un 74%. En el caso nuestro, nuevamente Chile está levemente superior a la media con un 57% de apoyo a un régimen democrático, ante esta cifra el informe señala: “Chile llama la atención porque se mantiene en niveles relativamente bajos de apoyo, en circunstancias que en sus indicadores de crecimiento económicos, reformas, etc. es uno de los países mejor evaluados de la región. Su
cultura política y cívica sin embargo no ha mejorado en los 14 años de Democracia.”

Sigamos hilando más fino:

Frente a la pregunta de satisfacción con el funcionamiento de la democracia en su país. Sólo el 23% de los consultados se declaró satisfecho, en tanto en Chile el 40% manifestó satisfacción, es decir, menos de la mitad de nuestro país se muestra satisfecha con la forma de funcionamiento de nuestra democracia. En este caso Venezuela y Uruguay alcanzan los niveles más altos

Veamos otros indicadores que son más esclarecedores:

Frente a la pregunta: ¿Diría usted que el país está gobernado por unos cuantos intereses poderosos en su propio beneficio o que está gobernado para el bien de todo el pueblo?

Un 70% respondió que los países están gobernados para intereses poderosos. Nuestro País está justo en la media con el mismo 70%, en este caso Venezuela obtiene sólo 51%, siendo el más bajo de región.

Vamos más fino todavía, para lo cual usaremos los resultados del 2005

Un 77% de los latinoamericanos dicen que las instituciones públicas funcionan regular o mal; un 60% dice que la constitución política se cumple poco o nada; un 72% no tiene confianza en que el dinero de los impuestos serán bien gastados por el estado y un 86% afirma que los dirigente políticos se preocupan poco o nada de los temas de la gente.

Con lo cual el informe 2005 concluye: “En resumen, los datos recopilados por el Latinobarómetro apuntan a que la democracia representativa tiene su talón de aquiles justamente en la representació n”. Lamentablemente en este caso, no tenemos los datos desagregados por país, por tanto no conocemos los índices de Chile, pero de acuerdo a los datos del 2004, lo más probable es que chile ostente datos similares.

Es decir estamos en presencia de una crisis de la Democracia Representativa

Orígenes de la Democracia representativa

Es bueno recordar que el concepto de representació n no nace junto con el concepto democracia representativa, sino que es anterior y se desarrolla con el llamado liberalismo político entre los siglos XVII y XVIII, paralelamente a la irrupción de la burguesía frente a la nobleza y al ocaso del régimen absolutista basado en privilegios y estamentos.

En buena medida en el pensamiento de los teóricos liberales de entonces, como John Locke, la representació n formaba parte de un dispositivo político que aseguraba a la burguesía su participación en las decisiones públicas, pero al mismo tiempo evitaba ese acceso a la mayoría de la población formada por campesinos, artesanos y asalariados.

El principio de un parlamento elegido a través del voto censitario le garantizaría a la burguesía emergente un poder de decisión político ante las monarquías absolutistas pero simultáneamente dejaba fuera a otros estamentos sociales como forma de protección para el naciente orden capitalista.

La asociación de sistemas representativos basados en los conceptos liberales con el principio de la soberanía popular y la elección por medio del voto universal, aparece en la Revolución Francesa y se consolida en las luchas del siglo XiX.

Es decir, mucho después, y como forma de preservar la legitimidad política, no hubo más remedio que extender los beneficios de los derechos individuales y del sufragio a las más amplias capas populares, la vigencia del voto universal fue protegida por garantías, explícitas y sobretodo implícitas, de que el sistema concebido e instalado para instaurar el dominio de la burguesía no pudiera transformarse en el instrumento para destruir esa misma dominación
y los principios jurídicos y políticos en los que se sustentaba.

El diseño de la representació n política está por lo tanto contaminado desde el inicio con componentes no democráticos y por restricciones a la acción popular.

En todo caso, cuando se desarrollaban las primeras democracias liberales, brotaron distintos movimientos que expresaban conceptos de Democracia Directa que partían de la idea de erigir un régimen democrático sobre la base del mandato imperativo y revocable y el gobierno de ‘asamblea’, esas eran las características tanto de la Comuna de París de 1871 como de la Revolución Rusa de 1905.

En los inicios de la moderna sociedad burguesa no existía necesidad para el partido político como mediador entre la sociedad civil y el Estado. La política se concebía como la actividad de una pequeña élite.

Es interesante destacar que durante la Revolución francesa y la Comuna de París se confrontan los conceptos de representació n con los conceptos de democracia directa. Los embates de Voltaire en contra de las tesis de democracia directa de Rousseau muestran con claridad esta confrontación y no está demás citarlo: “El pueblo inglés piensa que es libre y se engaña: lo es solamente durante la elección de los miembros del parlamento; tan
pronto como éstos son elegidos, vuelve a ser esclavo, no es nada.” (Rousseau, “El Contrato Social”).

La democracia política representativa finalmente se impone con el aplastamiento de la insurrección de París.

Es aquí donde surge la concepción de la izquierda tradicional que transforma lo social en una mera herramienta de maniobra de lo político y que conduce hacia una política orientada al Estado la cual reproduce, inevitablemente dentro de sí misma, el mismo proceso de separación: separando a los dirigentes de los dirigidos, a los representantes de los representados y separando a la actividad política de la lucha social y es esta concepción la que dio
como resultado la construcción de los llamados socialismos reales.

Es evidente, por lo tanto, que esta concepción pone en evidencia la actual debilidad teórica del conjunto de las propuestas de la izquierda tradicional que siguen amarradas a la lógica de la representació n.

La reelaboración del concepto de democracia que conduce la afirmación final de que la alternativa al capitalismo es la democracia real, superando el antagonismo entre lo social y lo político, deja en evidencia la necesidad de una nueva concepción para los movimientos de izquierda. Lo que está cuestionado aquí es toda la lógica de la representació n que actúa en la concepción de partido, del Estado, del sujeto social y de la visión sobre la transformació
n de la sociedad.

La Globalización Económica, el Paraestado y la Crisis del Estado-Nación

La actual globalización de la producción capitalista y la concentración del gran capital genera inevitablemente la crisis del Estado nacional, de la democracia política representativa y también de los partidos políticos.

Para ejercer su rol, el Estado debe tener potestad sobre la economía dentro de las fronteras de su territorio y para que esto sea posible, los límites económicos deben coincidir con los límites políticos, de lo contrario el Estado se torna incompetente. Cuando tenemos una economía global y simultáneamente gobiernos nacionales, las empresas e instituciones financieras globales quedan fuera del alcance de la decisión y fiscalización de
los gobiernos.

Esto es lo que gatilla la crisis de la institucionalidad moderna. Todo lo que el Estado hace por intermedio de la política ahora tiene que hacerlo por medio del “mercado”, esto es, en la forma del capital. De hecho, cada medida y cada institución tienen que ser “financiadas” .

Como consecuencia de esta internacionalizació n del capital entra en crisis la concepción del Estado Nación. El Estado, obviamente, no desaparece, pero se desvincula de sus propios fundamentos económicos, generando la crisis de lo político.

Estamos en un momento en que los organismos transnacionales (O.M.C., Banco Mundial, F.M.I.) son quiénes dictan las políticas públicas, sustituyendo progresivamente a los gobiernos, parlamentos e incluso el sistema judicial.

Actualmente la producción y los capitales fluyen de un país a otro con máxima libertad, debilitando el poder de cualquier gobierno y trasladando de ésta manera el poder, desde el Estado nacional al capital globalizado. Es decir, el gran capital comienza a erigirse en un verdadero Paraestado.

Este proceso lleva a que el Estado se convierta en un simple administrador perdiendo todo fundamento, ¿Para qué votar por representantes que en realidad no tienen poder de actuar sobre la realidad? Y en el caso del Parlamento, éste no posee ni siquiera un papel formal en las negociaciones con el FMI o el Banco Mundial.

Ya no estamos en presencia del clásico concepto de imperialismo estructurado sobre la expansión del Estado-nación mas allá de sus fronteras, el nuevo imperialismo -el Paraestado- carece de centro territorial, es descentralizado y desterritorializado de poder, y poco a poco comienza a abarcarlo todo.

La globalización económica marca el fin histórico de la democracia representativa, Obviamente hablamos de una tendencia mundial que no es fácil de visualizar, pero que se empieza a evidenciar por las crisis económicas desatadas en los últimos 10 años como son las del sudeste asiático en 1997, Rusia, Brasil, México y Argentina donde los efectos provocados por la globalización financiera mundial han adoptado características sociales dramáticas
para las poblaciones, y simultáneamente, las poblaciones poco a poco comienzan a darse cuenta que algo no funciona bien, tal como lo expresan los índices del latinobarómetro ya expuestos.

En este cuadro la política, lo social y lo económico se confunden. La lucha adquiere una nueva forma que es política, económica y social al mismo tiempo. Este es el punto crucial que revierte las formas de construcción y las perspectivas políticas del movimiento social y que conduce ineludiblemente a la territorializació n de la lucha.

Aquí radica una de las diferencias más fundamentales entre la izquierda clásica y la necesidad de una nueva concepción de izquierda. La concepción de la izquierda clásica busca transformar lo económico a partir de lo político. De ahí surge toda una lógica de construcción que hace del movimiento social un mero “objeto” de los cambios. Y ésta lógica conduce inevitablemente a la representació n, al economicismo, al electoralismo y al Estado.

Hoy es necesario invertir esa lógica, el movimiento social debe ser el sujeto y apuntar a la organización territorial, a la democracia real, a la acción puntual pero pensada globalmente, no hay nada más subversivo que la gente organizada decía nuestra única diputada humanista. La primera lógica es gradualista, la segunda es revolucionaria. La primera separa lo económico-social de lo político, la segunda lo funde, lo hace uno.

Se trata entonces de avanzar a la socialización de la política y a la politización de lo social.

Permítanme citar las palabras de Silo expresadas hace ya 15 años atrás:

“Hoy no se trata de economías feudales, ni de industrias nacionales, ni siquiera de intereses de grupos regionales. Hoy se trata de que aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los dictados del capital financiero internacional. Un capital especulador que se va concentrando mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional requiere para sobrevivir del crédito y el préstamo. Todos mendigan la inversión y dan garantías para que la
banca se haga cargo de las decisiones finales. Está llegando el tiempo en que las mismas compañías, así como los campos y las ciudades (y también las universidades), serán propiedad indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Paraestado, un tiempo en el que el antiguo orden debe ser aniquilado…

El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. “

La Situación en nuestro País

En nuestro país, al igual que en toda L.A., los pilares en que se sustentan los principios democráticos están gravemente dañados. La teórica independencia entre poderes realmente no existe.

Basta señalar como ejemplo en nuestro país, la generación de los miembros de la Corte Suprema y los casos de los Jueces Carlos Cerda, Juan Guzmán y XXX para darse cuenta que no hay independencia del poder judicial. Basta señalar la discusión por el nombramiento del Contralor General de la República para darse cuenta que la Contraloría, más allá de las buenas intenciones de sus funcionarios, no cuenta con la autonomía suficiente.

Para qué hablar de la actual Constitución de la República, constitución a la que se le han realizado pequeños aggiormamientos pero que sigue siendo una constitución autoritaria, aprobada por el Dictador y que ahora sólo lleva la firma de Ricardo Lagos

Y qué decir del sistema binominal que, además de excluir a importantes sectores políticos y sociales, genera una clase política que se autoreproduce y pobre del diputado o senador que se desalinee del club de los políticos, no será incluido en las listas para la próxima elección.

Detrás de la acción de los partidos políticos, diputados, senadores, Ministros o gobernantes de turno, es posible visualizar la acción silenciosa pero eficaz del gran capital, ejemplos son muchos pero basta recordar la discusión de la ley de pesca, la aprobación de Celco y Pascua Lama , y la reciente discusión del trazado de la carretera por el Parque Pumalín para darse cuenta de la eficacia de la mano invisible del gran capital.

No me voy a extender más, en la descripción de nuestro país, estamos en presencia de personas informadas y sería realmente una aburridera hablar de lo que todos ya conocemos.

Es evidente que Chile requiere de una nueva constitución y de una Asamblea Constituyente y que es necesario avanzar incorporando a nuestra institucionalidad principios de democracia directa:

Un sistema electoral proporcional acompañado de un sistema como el Voto Personal Transferible que comienza a ser usado poco a poco en el mundo.

Formas de iniciativa popular que permitan a la ciudadanía presentar proyectos de leyes cuando la clase política bloquea importantes demandas ciudadanas, como ocurrió con el Divorcio durante tanto tiempo.

Mecanismos de Revocabilidad de los mandatos como el proyecto de Ley de Responsabilidad Política presentada por nuestra diputada Laura Rodríguez el año 91 y que nunca siquiera ha sido discutido.

El problema es que, con nuestra actual clase política y con la actual institucionalidad, es realmente una quimera pensar en reformas de este tipo.

Caos destructivo o revolución.

Si queremos hablar de cómo consolidar nuestro sistema democrático, permítanme ser sincero: Nuestro sistema no tiene arreglo, por lo menos, a través de pequeñas reformas. Es claro que en este mundo globalizado, Chile no está aislado y es claro que la tendencia de la Globalización económica nos lleva a la concentración del gran capital y que esta concentración nos lleva inevitablemente a un mundo convulsionado por hambrunas, migraciones, choque entre
culturas, guerras y luchas interminables.

Permítanme volver a citar a Silo:

“Este orden social nos encierra en un círculo vicioso que se realimenta y proyecta a un sistema global del que no puede escapar ningún punto del planeta. Pero también está claro que en todas partes comienza a descreerse de las promesas de la cúpula social, que se radicalizan posiciones y que comienza la agitación general. ¿Lucharemos todos contra todos? ¿Lucharán unas culturas contra otras, unos continentes contra otros, unas regiones contra otras,
unas etnias contra otras, unos vecinos contra otros y unos familiares contra otros?”

“Y en este cuadro dramáticamente deshumanizante, la inseguridad y el temor de los individuos será cada vez más creciente. Y mientras nos postergan, estos que prometieron progreso para todos siguen abriendo el foso que separa a las minorías opulentas de las mayorías cada vez más castigadas.“

“En este sistema que comienza a ser mundialmente cerrado, y no existiendo una clara dirección de cambio, todo queda a expensas de la simple acumulación de capital y poder. El resultado es que en un sistema cerrado no puede esperarse otra cosa que la mecánica del desorden general. La paradoja de sistema nos informa que al pretender ordenar el desorden creciente se habrá de acelerar el desorden. No hay otra salida que revolucionar el sistema, abriéndolo
a la diversidad de las necesidades y aspiraciones humanas.”

“Lo que estoy tratando de formular es que se está presentando la disyuntiva del simple caos destructivo o de la revolución como dirección superadora de las diferencias de los oprimidos”.

“Si en el momento actual el capital se va transfiriendo gradualmente a la banca, si la banca se va adueñando de las empresas, los países (y también las universidades), las regiones y el mundo, la revolución implica la apropiación de la banca de tal manera que ésta cumpla con prestar su servicio sin percibir a cambio intereses que de por sí, son usurarios.”

“Si en la constitución de una empresa el capital percibe ganancias y el trabajador salario o sueldo, si en la empresa la gestión y decisión están en manos del capital, la revolución implica que la ganancia se reinvierta, se diversifique o se utilice en la creación de nuevas fuentes de trabajo y que la gestión y decisión sean compartidas por el trabajo y el capital.”

“Si las regiones o provincias de un país están atadas a la decisión central, la revolución implica la desestructuració n de ese poder de manera que las entidades regionales conformen una república federativa y que el poder de esas regiones sea igualmente descentralizado a favor de la base comunal desde donde habrá de partir toda representatividad electoral.”

“Si la salud y la educación son tratadas de modo desigual para los habitantes de un país, la revolución implica educación y salud gratuita para todos, porque en definitiva esos son los dos valores máximos de la revolución y ellos deberán reemplazar el paradigma de la sociedad actual dado por la riqueza y el poder. Poniendo todo en función de la salud y la educación, los complejísimos problemas económicos y tecnológicos de la sociedad actual tendrán
el enmarque correcto para su tratamiento.”

“La revolución social a que apunta el Humanismo pasa por la toma del poder político para realizar las transformaciones del caso, pero la toma de ese poder no es un objetivo en sí. Por lo demás, la violencia no es un componente esencial de esa revolución. ¿De qué valdría la repugnante práctica de la ejecución y la cárcel para el enemigo? ¿Cuál sería la diferencia con los opresores de siempre? La revolución de la India anticolonialista se produjo por
presión popular y no por violencia. Fue una revolución inconclusa determinada por la cortedad de su ideario, pero al mismo tiempo mostró una nueva metodología de acción y de lucha. La revolución contra la monarquía iraní se desató por presión popular, ni siquiera por la toma de los centros de poder político ya que éstos se fueron «vaciando», desestructurando, hasta dejar de funcionar.”

“ Es por el ejercicio de la violencia que una minoría impone sus condiciones al conjunto social y organiza un orden, un sistema inercial, que continúa su desarrollo. “

Por tanto, la única forma de consolidar nuestro sistema democrático es trabajando por una revolución social, cultural, política y porqué no decir, también espiritual, una revolución no violenta que se proponga los objetivos ya señalados y en donde el aporte del mundo académico y de las nuevas generaciones, es vital, como ya lo comienzan a mostrar los estudiantes secundarios de nuestro país.

Bibliografía

Corporación Latinobarómetro, Informe de Prensa 2004, 2005

Silo, Cartas a mis Amigos

John Holloway, Doce tesis sobre el antipoder

Ignacio Vila, Crisis de la democracia participativa y contrapoder

Daniel Campioni, Representació n política, democracia y movimiento social

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