El presidente Chávez compartió un cafecito en el “El Grito del Silencio”

Prensa Presidencial (31.10.08) Seguramente si alguien le dijera: “hoy me tomé un café con Chávez”, lo tomaría a broma y pensaría que su interlocutor le toma el pelo, pero en Venezuela, donde hace más de 10 años una revolución comenzó a transformar los sueños cotidianos, la figura de un presidente, más que algo referencial e inaccesible, es ahora una persona que caracteriza a su pueblo y lo demuestra con hechos.

Lo del café es cierto y ocurrió la tarde de este viernes, cuando los clientes y trabajadores del local “El Grito del Silencio”, ubicado en plena plaza O’Leary, pudieron compartir con el presidente Chávez un cafecito, una conversación y una esperanza.

El encuentro fue casual. Cuando se dirigía a un acto de entrega de 15 mil nuevas becas de Fundayacucho en el estado Zulia, y acompañado por una de sus hijas mayores, María Gabriela, el jefe de Estado se detuvo y se permitió hacer una petición: “Buenas, buenas, ¿será que me pueden brindar un cafecito?”. La respuesta fue un silencio cómplice, seguido de un “Sí Comandante”, al unísono por parte de los presentes, trabajadores y clientes del lugar.

Como es usual en el Presidente de la Venezuela bolivariana, rompió “religiosamente” las formalidades e ingresó a la barra y al área donde se preparan las bebidas cafeinadas para compartir con los trabajadores del local, en su mayoría jóvenes, los cuales aprovecharon la oportunidad para, aparte de servirle la bebida recién colada, conversar sobre sus experiencias y aspiraciones dentro de la sociedad socialista que se construye en los actuales momentos.

Luego se acercó a la mesa de la señora Antonia Montilla, de 60 años, quien en compañía de su pequeña nieta, de siete, ambas dominadas por una emoción incontenible, compartieron sus bebidas con él. La chiquilla fue la primera en reconocerlo: “¿Tú eres Chávez, verdad?, expresó. La abuela, orgullosa, tomó la delantera y respondió: “Sí, él es nuestro Presidente”.

En el recién remozado lugar de El Silencio, muy cerca de la O’Leary, transcurrió el encuentro. Un café inscrito en la meta de devolver al casco histórico ese esplendor que le caracterizó años atrás para el disfrute del pueblo.

El Gobierno revolucionario de Caracas se ha empeñado en poblar de sitios de esparcimiento para la familia esta parte de la ciudad, luego del trabajo de recuperación de espacios que ha realizado, entre ellos los bloques de El Silencio, la Plaza Bolívar y doce manzanas del casco histórico.

El encuentro en el local se extendió por cerca de 20 minutos y permitió que todos compartieran un inusual café, que para muchos tuvo un sabor e ingrediente distinto al de todos los días.

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