“A Petro le están pasando una cuenta de cobro”: William Ospina

PUBLICADO EN: CON LUPA

Un llamado a la memoria, en eso se convierte el nuevo libro de William Ospina “Pa que se acabe la vaina”. De manera ágil, mediante un entramado histórico, William conduce al lector al pasado, al presente y a un posible futuro del país, debido a todos los errores cometidos desde la clase dirigente. Sentado en un sillón antiguo, rodeado por libros y un selecto grupo que lo escuchaba con interés, el escritor habló en la librería Roma sobre el papel de la iglesia y del ejército en la actualidad; el apoyo que reciben los escritores en nuestro país y el asunto más controversial del momento: la destitución del alcalde mayor de Bogotá –el reinsertado ex guerrillero Gustavo Petro- por parte de la Procuraduría General, en una medida que ha sido cuestionada por diferentes actores políticos y sociales. Horas después de esta charla se presentó en el auditorio de la Cámara de Comercio de Pereira ante un teatro lleno de público.

  

"Es que no se puede sancionar a alguien sin que haya habido un fallo de la justicia en contra, porque eso es una arbitrariedad total".

“Es que no se puede sancionar a alguien sin que haya habido un fallo de la justicia en contra, porque eso es una arbitrariedad total”.

Por: Jhonwi Hurtado

Fotografías: María Laura Idárraga

J.W.H.M: En cierta parte de su reciente libro encontramos esta frase: “Pero al fin se abrió camino la arbitrariedad del que no tiene quién lo fiscalice”. ¿Estamos frente a un hombre (el procurador) que está haciendo uso de su poder para limitar la democracia?

W.O: Sí, yo creo que todos los funcionarios deben tener quién los juzgue y quién los sancione. Lo que principalmente se discute en el caso de Petro, no son las facultades del procurador para tomar una u otra decisión. Es que no se puede sancionar a alguien sin que haya habido un fallo de la justicia en contra, porque eso es una arbitrariedad total. Y el modelo en el cual un mismo funcionario inicia el proceso, aporta las pruebas, las examina y dicta el fallo, solo existía en la Edad Media. Eso no tiene nada qué ver con un modelo moderno del manejo de la justicia. Entonces, cómo es posible que en las instituciones supuestamente modernas, en una democracia del siglo XXI como la colombiana, persistan instituciones totalmente medievales que pudieran caer en manos de funcionarios como el procurador Ordóñez, que ha demostrado de mil maneras posibles  que sus decisiones están siempre sesgadas. Por supuesto, hay que criticar al funcionario, pero también hay que criticar a una sociedad que no ha sido capaz de darse instituciones verdaderamente modernas, y que siempre deja en algún lugar de su derecho positivo un reducto donde puedan anidar las sombras más arbitrarias.

 

J.W.H.M: Guadalupe Salcedo, el guerrillero de los llanos, fue traicionado luego de rendirse; Petro está ante una aparente persecución política; los militantes de la Unión Patriótica (UP, partido que en los 90 era la apuesta política de las FARC) fueron asesinados. Con este historial ¿se puede creer en un triunfo de los diálogos de paz o de un verdadero pos conflicto?

W.O: Ese es el tema más sensible de la realidad colombiana hoy. Pero es bueno que pase porque el país se está preguntando muchas cosas, y el país se va a tener que preguntar realmente a qué llama reconciliación y a qué llama perdón y a qué llama realmente reinserción. Porque es costumbre de los seres humanos llamar con nombres pomposos, pero no obrar en consecuencia. Reinserción, pero que no actúen como si fueran reinsertados; desmovilización pero se los sigue tratando como si fueran guerrilleros o ciudadanos de segunda categoría; acuerdo y firma de la paz, pero después, a media noche, asesinatos en los campos y en los barrios  y yo rastreo un poco la tradición de esas traiciones desde el momento mismo en que un par de artesanos asesinaron a Rafael Uribe Uribe en las puertas del Capitolio Nacional, después de que había terminado la guerra de los mil días. De manera que es bueno recordar esas cosas porque es una vieja costumbre  humana la de no cumplir con los acuerdos y después atribuirle siempre a los otros la falta de respeto por esas decisiones, y porque la sociedad, si se va a reconciliar de verdad, tiene que llegar a unos pactos y cumplirlos; todos los bandos tienen que cumplirlos.

Ahora, con respecto a lo del M-19 (Movimiento 19 de Abril, al que pertenecía Petro), que es el ejemplo más reciente que tenemos de una desmovilización exitosa, diría yo, si algo han hecho ellos es cumplir con los acuerdos que celebraron. Creo que no firmaron nunca nada y ningún ejército rebelde debería firmar el acuerdo de que para abandonar la guerra tienen que abandonar también sus ideas, sus principios y sus proyectos. Lo que tienen es que luchar por ellos en el ámbito de la democracia. Sin embargo, aunque me parece que el M-19 ha cumplido con su parte en ese convenio, yo he visto a los gobiernos seguirlos tratando a veces como si fueran guerrilleros, recordándoles sus viejos delitos y sus viejas insurrecciones, me parece que a Petro le están pasando una cuenta de cobro, por eso fundamentalmente, y tal vez por eso es tan saludable que la reacción que se ha despertado ante la decisión del procurador no sea solamente una reacción desde la izquierda. Porque si fuera una reacción desde la izquierda diciendo que es una decisión parcializada, peligrosa para la reconciliación del país, cualquiera diría que es una posición sectaria o parcial, pero cuando uno ve los editoriales del diario El País, de Madrid, cuando uno ve las declaraciones que el gobierno ha censurado por inconvenientes del nuevo embajador de EE.UU. en Colombia, o las declaraciones del juez Garzón, pues ya no puede tan fácilmente decirse que esos señalamientos sean parciales o sean sectarios.

"Me pareció también que el llamado que hizo a la mesa de negociación de La Habana de que no abandonaran la lucha ni la reconciliación por la paz fue muy valioso, porque evidentemente uno de los propósitos de este gesto (del procurador) era el de frustrar el proceso de La Habana, enviándole a la guerrilla el mensaje de que no hay espacio para la democracia ni para la reconciliación".

“Me pareció también que el llamado que hizo a la mesa de negociación de La Habana de que no abandonaran la lucha ni la reconciliación por la paz fue muy valioso, porque evidentemente uno de los propósitos de este gesto (del procurador) era el de frustrar el proceso de La Habana, enviándole a la guerrilla el mensaje de que no hay espacio para la democracia ni para la reconciliación”.

J.W.H.M: ¿Cree que lo sucedido con Petro permita unir a las divididas fuerzas de la izquierda colombiana?

W.O: La respuesta a una decisión no jurídica, difícilmente podría ser una respuesta meramente jurídica, lo que estaba ocurriendo allí era un hecho meramente político. Lo que me pareció más significativo, o una de las cosas que me parecieron más significativas del discurso de Petro (luego de ser informado sobre su destitución), fue en primer lugar que tuviera allí a Navarro Wolff a su lado, porque no sabíamos muy bien cómo eran las relaciones desde que Navarro se retiró de la Alcaldía. Que estuviera (Aída) Abella es muy importante porque acá la izquierda nos ha estado dando unos ejemplos de desacuerdo y de fragmentación y de incapacidad de diálogo. Eso fue un gesto muy importante y muy significativo. Me pareció también que el llamado que hizo a la mesa de negociación de La Habana de que no abandonaran la lucha ni la reconciliación por la paz fue muy valioso, porque evidentemente uno de los propósitos de este gesto (del procurador) era el de frustrar el proceso de La Habana, enviándole a la guerrilla el mensaje de que no hay espacio para la democracia ni para la reconciliación.

Entonces, esos tres gestos me parecieron muy valiosos de parte de él. Un cuarto gesto muy valioso también, el que hubiera convocado a la solidaridad continental, porque él no ignora el momento que vive América Latina, no ignora el entorno político y social. Hasta dónde llegue todo eso, uno no sabría decirlo, pero a mí me parece que fueron decisiones acertadas y una prueba de ello es que al día siguiente no cabía la gente en la plaza. Si eso va a tener continuidad y persistencia, va a depender del grado de madurez que se haya ido logrando y que solamente se revelará en los hechos mismos, pero eso también le dio comienzos a una campaña electoral sui generis. Hacía tiempo que no ocurrían las campañas electorales como un despertar, una agitación, una expectativa como la que está ocurriendo ahí. Y a mí me parece que uno de los males del país, el mal de que la izquierda o que los movimientos alternativos o que la oposición siempre tenían como un papel secundario en el escenario de la democracia, está cambiando en este momento. Por lo menos tiene un papel más protagónico sin que sepamos hasta dónde va a llegar ese protagonismo.

J.W.H.M: Aún seguimos esperando el nacimiento de la nueva Colombia. ¿Qué hace falta para que esa Colombia empiece a darse a conocer?

W.O: Yo creo que ese proceso está en marcha, y está en marcha de una manera mucho más grande de lo que alcanzamos a percibir, porque el país ya no cabe en el molde de esa vieja aristocracia, de esa vieja casta del poder, de esa vieja dirigencia; ya todas las catástrofes, todos los dolores,  todos los sufrimientos, todas las guerras que hemos padecido en medio siglo, lo único que demuestran es el fracaso de una manera de interpretar el país, y de una manera de gobernarlo. El país ha crecido demasiado y es un país demasiado poderoso y diverso, para caber en un molde tan pequeño y tan simplificador, tan poco responsable, con tan poco sentido de grandeza y de futuro. De manera que el país se está debatiendo buscando por todas partes sus horizontes. Muchas veces solo los encuentra por el lado del delito, de la insolidaridad y de la violencia, pero hay otro país que está buscando ese camino por la vía de la solidaridad, del pensamiento, de la reflexión y eso se va abrir camino y por eso Colombia, que sabe dar sorpresas, no sabríamos decir en qué momento de su transformación está, pero está en un momento de su transformación.

 

El país ha crecido demasiado y es un país demasiado poderoso y diverso, para caber en un molde tan pequeño y tan simplificador, tan poco responsable, con tan poco sentido de grandeza y de futuro".

“El país ha crecido demasiado y es un país demasiado poderoso y diverso, para caber en un molde tan pequeño y tan simplificador, tan poco responsable, con tan poco sentido de grandeza y de futuro”.

 

J.W.H.M: ¿Qué aporta con su libro “Pa que se acabe la vaina” a  la memoria de un país que se considera sin memoria?

W.O: Bueno, mi propósito es tratar de responderme a mí mismo algunas preguntas sobre lo que ha sido la historia reciente del país, la historia del último siglo. Ya había intentado hacerlo en el ensayo “Dónde está la franja amarilla” hace como 17 años, pero viendo que ese ensayo sigue latente, lo cual significa que el país no ha cambiado desde entonces y más bien algunos de sus males se han agudizado, sentí la necesidad de volver sobre esos temas y de escribir sobre ellos, más reflexivamente, con más detalle, no hacer un ensayo breve sino un libro. Más que para contar cosas que yo ya sé, siento que fui descubriendo muchas cosas mientras avanzaba con ese libro, así que siendo el mismo tema, hay unas diferencias tal vez de profundidad, de complejidad de la mirada sobre el país. Pero también hay una diferencia de tono, porque este es un libro más indignado y más impaciente, que quiere llamar a la comunidad a una respuesta más vigorosa y más comprometida en el enfrentamiento de los  problemas que el país vive.

 William 5

J.W.H.M: En “Dónde está la franja amarilla” usted hace una mención al llamado “pacto aristocrático” Ahora, en “Pa que se acabe la vaina” lo retoma. ¿Hasta cuándo cree que se sentirán los efectos de aquella decisión que se tomó en una época importante para el país?

W.O: Bueno, los efectos del Frente Nacional los hemos padecido desde el comienzo mismo. Ese pacto se celebró en 1958, durante 16 años los partidos que habían hecho la violencia se repartieron el poder; nunca hicieron un juicio de responsabilidades, nunca asumieron el compromiso de reparar a las víctimas, de corregir las causas de los males. Una reforma agraria, que había sido anunciada por el liberalismo en los años 30, y que había sido detenida por la gran pausa de Eduardo Santos en el año 38, no se hizo nunca. Y ya desde los primeros momentos del Frente Nacional, a pesar del entusiasmo con que la gente lo recibió porque creyó que era la paz, porque creyó que era la modernización del país, porque creyó que todas esas tareas pendientes se iban a cumplir. Ya empezamos a vivir las consecuencias de un modelo tan excluyente de las libertades como el que el Frente Nacional obraba. Ya cada gobierno empezó dejándole a  la sociedad u problema sin resolver: las FARC, el ELN, el EPL, los otros movimientos guerrilleros a partir del fraude del año 90, también el M-19. A partir del gobierno de López Michelsen también la corrupción, también el narcotráfico; a partir del gobierno de Turbay Ayala, también conductas ilegales por parte del Estado y de las Fuerzas Armadas, ejercicios represivos violadores de los derechos humanos y mientras no se hacían los esfuerzos por corregir los viejos males del país, se permitía que nuevos males se fueran añadiendo a la lista. Entonces empezamos a sentir temprano los efectos negativos del modelo y como las reformas no se han hecho; como la única reforma agraria que ocurrió después de eso fue para concentrar más la propiedad de la tierra, como se le volvió a arrebatar la tierra a los campesinos y como no se cumplió con un proceso verdadero de industrialización, ni de modernización de la agricultura, ni una reforma educativa verdaderamente valiosa, pues todos esos males estancados y la sociedad en pausa siempre esperando la reforma que nunca llega, nos han llevado a una crisis terrible y los últimos 50 años han sido de guerras cíclicas, de violencias y de un país como una olla a presión acumulando respuestas con una élite irresponsable que pretende que ya todo está resuelto, que simplemente hay que seguir votando por la misma gente para que haga las mismas cosas y que la sociedad no puede esperar que sean unos redentores, unos benefactores los que vengan y le hagan el favor de hacer un país civilizado.

J.W.H.M: ¿En la actualidad ya se superó el bipartidismo del Frente Nacional?

W.O: La verdad es que no lo creo, porque para superar el bipartidismo no basta multiplicar las etiquetas con las cuales se nombran las mismas conductas, la misma manera de convocar a la ciudadanía, la misma manera de administrar el poder y la misma manera de entender la democracia que se ha tenido siempre. Así ya no sean dos partidos, sino tres o cuatro o siete, mientras no surjan otras maneras de interpretar el país, otras lecturas de la sociedad y fuerzas distintas, todo seguirá igual. Porque si algo ve uno es que las etiquetas se multiplican, pero los protagonistas son los mismos. Que van de una tienda a otra, que van de una etiqueta a otra, que van de un logotipo a otro. Como lo señaló muy bien en una columna reciente Antonio Caballero, pero los protagonistas de la pequeña vida política siguen siendo los mismos y el gran pueblo aplazado, postergado y maltratado sigue excluido de la posibilidad de tomar decisiones, porque solo se le convoca a votar pero no se le convoca a protagonizar grandes hechos de civilización y grandes sueños de renovación social.

J.W.H.M: Usted admira la gesta revolucionaria del pueblo francés. ¿Cuál es esa diferencia entre el pueblo francés y el pueblo colombiano?

W.O: Yo diría que ellos han sido afortunados, en la medida en que han tenido el tiempo de madurar sus ideas, sus búsquedas, sus reflexiones. Pero también los escollos que han tenido que superar son distintos a los nuestros. La sociedad francesa anterior a su revolución era una sociedad muy cruel, muy discriminadora, muy excluyente, muy maltratadora de su pueblo. Pero los franceses no fueron  esclavos nunca.  No fueron siervos de otra raza, como lo fueron acá los pueblos indígenas. A nosotros nos tocó tratar de construir repúblicas sin haber roto con las monstruosas herencias del esclavismo y de la discriminación de los pueblos indígenas, de la abnegación de la humanidad misma de los pueblos indígenas. Y por eso yo digo que era mucho más difícil construir repúblicas en América que en Europa,  que para los franceses con todo y lo que se quejan de lo que les costó hacer su república fue mucho más fácil que para nosotros construir una república, y por otro lado nosotros tenemos un hecho adicional, fuera de esas estratificaciones sociales y de esos racismos, y es que nuestra naturaleza es muy distinta de esa naturaleza europea y sin embargo siempre la miramos con los ojos de Europa. Entonces ahí había una tercera dificultad que no hemos superado todavía, nosotros no conocemos aún la naturaleza en que vivimos, en Europa hay 10 mil o 15 mil variedades de plantas, en la América equinoccial hay entre cincuenta mil y  cien mil variedades de plantas. Y ¿quién conoce todo eso, quién sabe sus propiedades económicas, químicas, medicinales? Eso requiere esfuerzo de conocimiento, de investigación, de ciencia y de tecnología que nosotros no hemos hecho, de manera que vivimos todavía ciegos en un mundo que no conocemos.  Es bueno encontrar responsables, pero no es bueno desgastarse tampoco en la búsqueda de culpables porque las limitaciones han sido muchas

J.W.H.M: “…¿Cómo puede quererse a sí mismo un país que crece con el odio por los indios, y los negros, que son el origen irrenunciable de la mayoría de la población? ¿Cómo puede crecer sin intolerancia y sin resentimiento un país donde los hijos del amor son proscritos y considerados ciudadanos de segunda categoría?…;… ¿Cómo no van a ver deplorable prestar servicio militar los jóvenes, cuando al ejército al que van enfrenta  una guerra contra su propio pueblo?“. Estas son dos citas de “Pa que se acabe la vaina”, las traigo a colación para preguntarle: ¿será que las fuerzas Armadas y la Iglesia buscan en este momento hacer lo mismo que en su momento hizo el Frente nacional? Confundir al pueblo en un discurso de sentirse representado.

WILLIAM 7

W.O: Bueno, yo creo que nosotros hemos padecido desde el comienzo de la vida republicana una presencia inadecuada tanto del mundo eclesiástico como del mundo militar en la vida política del país. Yo señalo en algún momento del libro como cuando terminaron las guerras de independencia, las únicas instituciones que quedaban en pie eran el ejército y la iglesia y eran enormes y tenían unas propiedades gigantescas, hasta el punto de que la tercera parte de las propiedades  inmuebles del país pertenecían a la iglesia católica.  Y durante mucho tiempo el ejército y la iglesia hicieron el esfuerzo por hacerle sentir a la sociedad que no es que el ejército y la iglesia pertenecían a la sociedad, sino que la sociedad pertenecía a la iglesia y al ejército y para ello el que el ejército estuviera compuesto muchas veces por indígenas y por negros, y que a la iglesia llegaran los hijos de las familias pobres, que siempre había que destinar un hijo para que fuera  cura y una hija para que fuera monja, como una parte esencial: tributarle la sociedad a la iglesia, pero también de mantener un vínculo casi familiar entre la sociedad y la institución. Eso marcó muy poderosamente al país, yo diría que de todas maneras ambas instituciones han cambiado. La iglesia que tenemos hoy no es la iglesia que teníamos  en los años 30, sobre todo porque en los años 60 hubo una remoción, un estremecimiento muy profundo en el ámbito de la iglesia católica después del Concilio Vaticano II y de la labor del papa Juan XXIII  y entonces en América Latina surgió una sensibilidad social que antes no había existido y por eso se dieron fenómenos como el de Camilo Torres Restrepo,  y el de la Teología de la Liberación y el del grupo Golconda, de gente que a pesar de que pertenecía a la institución eclesiástica tenía una sensibilidad social, se conmovía con el dolor de la gente humilde y se volvió muy crítica de estructura piramidal de la iglesia y de la estructura imperativa de esa institución. Entonces, creo que hay una sensibilidad distinta en la iglesia de hoy, creo que las jerarquías siguen ancladas en su vieja rigidez y en su viejo discurso, y harto duro le está tocando al papa Francisco por modificar un poco esas estructuras anquilosadas tanto del Vaticano como de la estructura extendida de la iglesia por el mundo, pero no es la misma iglesia fanática, sectaria, tiránica, medieval, aunque mucho de eso queda en ella todavía. Y con respecto al ejército, diría que ya se vio también en los años 50 en Colombia un fenómeno muy curioso en que la única pausa de la dominación del viejo bipartidismo colombiano, que fue la dictadura de Rojas Pinilla, fue un momento en que inesperadamente se emprendieron un montón de iniciativas modernizadoras que la vieja dirigencia colombiana no habría hecho nunca: las obras de ingeniería, los hospitales, los aeropuertos, los acueductos que se construyeron en esos  4 años, particular que haya bastado que no estuviera esa élite inmovilista y mezquina gobernando el país para que ya se viera como un asomo de un deseo de ingresar en la modernidad, eso naturalmente naufragó en arbitrariedades y en corrupción; pero dejó una lección: aquí no se volvió  a dejar el poder en manos del ejército por el temor de que de pronto, quién sabe, no había tanta certeza, de que el ejército no tomara tantas iniciativas a favor de la gente.

J.W: En “Pa que se acabe la vaina” se hace mucha mención de Gaitán. ¿Esa muerte ha sido superada por el país?

WILLIAM 8

W.O: Bueno, hay una frase en mi libro, que los editores tomaron la iniciativa de poner en la primera página: “La vieja Colombia murió el 9 de abril de 1948, la nueva no ha nacido todavía”. Creo profundamente en eso por una razón: mi argumento central en el libro es que nuestros países fueron incorporados al proyecto republicano mediante un discurso prestadoel discurso de la revolución francesa, de la ilustración, de los derechos humanos, pero la realidad que teníamos en ese momento, a comienzos del siglo 19, no tenía esa madurez que tenía ya la sociedad francesa que acababa de pasar por todos los debates de la ilustración, por el siglo de Voltaire, esta era una sociedad mucho más anclada , no solamente en el mundo de la servidumbre medieval, sino en el mundo de la esclavitud. Entonces todos los países de América Latina que tomaron ese discurso prestado para sacudirse del poder de los reyes de España, necesitaban hacer reformas liberales, para verdaderamente aproximarse al nivel de la democracia y al nivel de la república. Algunos países emprendieron esas reformas temprano. México hizo esa reforma en el siglo 19, Roca hizo esa reforma en Argentina,  Eloy Alfaro hizo esa reforma… pero en Colombia no se abrió camino a la reforma liberal en el siglo 19, y con el triunfo de la república conservadora se aplazó hasta el año 1930 la llegada de los liberales al poder. Se supone que en el año 30, por fin, iba a llegar la reforma liberal tan aplazada en Colombia, que llevábamos 50 años esperando, y aunque a los autodenominados liberales les encanta recordar que aquí hubo una “Revolución en marcha” en los años 30, les gusta mucho olvidar también que en el año 1938  Eduardo Santos decretó la “gran pausa” de la reforma liberal y que todas esas reformas se frustraron; no hubo ninguna reforma ni modernización ni separación Iglesia-Estado, ni nada de eso. Fue esa renuncia a la reforma liberal lo que despertó la indignación gaitanista y el discurso de Gaitán; él quiso encarnar esa reforma liberal que la aristocracia del partido liberal no había cumplido. Y cuando Gaitán fue asesinado en el 48, se frustró la reforma liberal en Colombia, entonces la pausa, como en los equipos de sonido, cuando Eduardo Santos oprimió la tecla de pausa de esa reforma liberal, dejó al país esperando esa reforma y llevamos ya muchos años esperando esa reforma y viendo las consecuencias de que no se haga. De manera que el país no puede haber superado el desencanto y la frustración de Gaitán hasta que las reformas liberales no se abran camino en Colombia.

J.W.H.M: “Colombia era capaz de apreciar los libros, pero no de ayudar a escribirlos”.  ¿Aún se presenta esto?

W.O: Eso ha cambiado un poco en la medida en que durante mucho tiempo los escritores colombianos  se iban de Colombia, no los echaban, pero tampoco los extrañaban si se iban. Y se iban porque había países donde existía un respeto mayor por el oficio de escritor, por el arte en general. Porque tampoco fue cuestión solamente de la literatura. Un fotógrafo como Leo Matiz tuvo que hacerse en México, porque allá era donde estaba esa atmósfera, ese espíritu de respeto. Entonces, cualquier escritor joven y desconocido y apenas dedicado a explorar llega a un país como Francia, y aunque no tenga relación con los escritores siente que su oficio es digno, siente que ser escritor es algo que vale la pena.  Pero a Colombia le ocurrió por fortuna el milagro de que alguien que se fue para abrirse camino como escritor, que fue “Gabo”, no solo recibió el Premio Nobel de literatura, sino antes de eso un  éxito editorial extraordinario, que no siempre es el resultado necesario de una gran labor literaria; hay grandes escritores fundamentales, muy necesarios, que no llegan a tener nunca ese éxito editorial. Pero en el caso de él se dio el fenómeno de una obra extraordinaria y de una gran acogida por parte de los lectores y del mundo editorial en el mundo entero.

Y eso hizo que García Márquez  no solamente recibiera el reconocimiento del mundo, sino también que se volviera un hombre muy rico. Y tal vez esas dos cosas: que García Márquez haya accedido a la celebridad, a la gloria con su premio Nobel y además haya sido muy rico, creó en la sociedad colombiana desde hace unos 30 años, una cierta sensación de que a lo mejor entonces eso no era tan desquiciado y no era tan loco el que quisiera dedicarse a escribir, porque había cierta rentabilidad allí; pero también un proceso creciente de apertura de la lectura, acá la lectura estuvo detenida durante mucho tiempo, yo diría que solo a partir de los años 50 el pueblo comenzó a leer, las clases medias comenzaron a leer , de una manera no furtiva. Porque a Vargas Vila se le leía, pero debajo de las sábanas a media noche, porque no lo podían ver a uno leyéndolo. Todavía son grandes las revoluciones que se tienen que vivir en Colombia con respecto a eso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s