¿Recuerdas como comenzó el asalto a Libia?

Por: Laila Tajeldine / Aporrea


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Una excusa, así fue. El 15 de febrero de 2011 un grupo de manifestantes reclamaban frente a una comisaría de Benghazi la liberación del activista Fathi Trabe.

Durante la agitada movilización y como resultado de los enfrentamientos murieron 2 personas. Luego, frente a la presión internacional por el supuesto exceso policial, el gobierno libio liberó a 110 “presos políticos”, siendo estos los últimos que permanecían privados de libertad. Pero las protestas continuaron. En una clara intención de cabalgar sobre las rebeliones de Túnez y Egipto, sucedidas apenas dos meses atrás, los manifestantes exigían la salida del líder libio, Muammar Gaddafi, alegando lo inimaginable en la bien conocida Libia prospera, con el mayor IDH de África y el mundo árabe: falta de empleo, hambre y miseria. Tales matrices la repetían los medios internacionales, untando en ese mismo salten  supuestas barbaridades que mal ponían al Gobierno Libio y a sus autoridades ante el mundo.

Sobre el accionar mediático, hay quienes creen que no cala en la opinión mundial una Humer con un letrero que diga “Maduro nos mata de hambre”, o las lágrimas de cocodrilo de artistas mercenarios o luna manipulada foto de un órgano de seguridad del estado delante de un grupito de manifestantes. Pero esas imágenes son reseñadas con las mentiras multiplicadas por los medios internacionales, que con ellas ocultan lo que está realmente sucediendo en el país.

Tal metodología fue aplicada en Libia. Mientras unos alienados, cual borregos pedían en una plaza la salida de Gaddafi del gobierno, otros ejecutaban verdaderos actos terroristas para escandalizar a la opinión pública mundial, y así Estados Unidos pudiera justificar sus acciones de desestabilización e injerencia directa en el aquel país africano de reconocidas reservas petroleras y dueño de miles de millones de agua potable.

La prensa transnacional, en una continua guerra de satanización, aumentaba el grado de agresión en el discurso contra el gobierno libio. Las pantallas  e impresos reseñaban masacres ocasionadas por bombardeos, sin mostrar imagen alguna. La Liga Árabe, dominada por las monarquías, y el Consejo de Seguridad de la ONU se apresuraron a condenar la “represión” del gobierno libio y crear una zona de exclusión aérea humanitaria.

La logística prestada a los grupos terroristas por Estados Unidos y países aliados se hicieron más visibles;  se aplicó un terrorismo cibernético hasta dejar a la nación árabe incomunicada en varias oportunidades. El plan de EEUU y sus aliados de la OTAN se abre camino con el bombardeo masivo e indiscriminado a la población libia. Unos 9000 misiles cayeron sobre hospitales, centros educativos, vías de comunicación, urbanizaciones y edificios públicos. Por último, para desmoralizar a la resistencia, los peros de la guerra hicieron un montaje escenográfico de la toma de la Plaza de la Revolución y luego cometieron el cruel  asesinato del líder espiritual libio Muammar Gaddafi, dejando a Libia desunida y paulatinamente empobrecida.

Ante el anterior panorama, es obvio que el asalto al pueblo Libia y sus consecuencias no puede ser analizado como un caso aislado y desligado de lo que hoy acontece en Venezuela. Las acciones que se suceden en zonas específicas de Venezuela se pueden convertir en la excusa, cual Benghazi, para una escalada imperialista sin precedentes en la Nación.

Ahora bien, lo que sí se puede recordar o comprobar los que leen estas reflexiones es que los llamados ataques “humanitarios” de Estados Unidos a través de la OTAN no diferenciaron entre los seguidores o no de Gaddafi. Ahora traemos a la memoria el caso de un antigaddafista cuyo hogar fue atacado con un misil. El hombre, bañado en llanto, mientras sujetaba su pequeño bebe asesinado por el bombardeo,  gritaba ante las cámaras que se uniría a las fuerzas de la Revolución Verde para hacer frente a los destructores de su familia y de su Patria. Es evidente, que ningún amante de su país quiere  llegar a tan dolorosa situación.

En esta hora de la Patria, nunca será suficiente el tiempo que usemos para explicar y llamar a cada habitante de nuestro país a rechazar tajantemente los focos de violencia hasta que desaparezcan por completo. No se trata de una negociación, sino de una erradicación de la situación de la violencia como forma de protesta y así garantizar la Paz y el desarrollo sostenido del país.

Los Revolucionarios no nos podemos cansar de dar la batalla y luchar contra la guerra mediática. No cesar en alzar nuestras voces en la denuncia nacional e internacional de que el gobierno corporativo de Estados Unidos quiere acabar con los logros y el futuro de la Venezuela Bolivariana para sumergirla en el pasado oprobioso. En palabras del Comandante Chávez ¡Aquí nadie se rinde! ¡Que Nadie se equivoque!

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